The Invisible Council
Friedrich Nietzsche - El profesor enfermo que rastreó cada regla moral hasta un acto de venganza secreta.

Asiento 2

Friedrich Nietzsche

Fue profesor a los veinticuatro años, inválido a los treinta y cuatro, y loco a los cuarenta y cuatro. En los diez años intermedios escribió los libros que desmontaron la confianza moral europea - y después su hermana lo convirtió, editándolo, en aquello que había pasado la vida combatiendo.

Vivió
1844 – 1900
Tradición
Philosophy · Philology · Ethics
Sobre la mesa
Martillo
Lectura
50 min

En enero de 1889, en la Piazza Carlo Alberto de Turín, un hombre vio a un cochero golpeando a un caballo, cruzó corriendo la plaza, le echó los brazos al cuello del animal y se derrumbó. Tenía cuarenta y cuatro años. Nunca volvió a escribir una frase que quisiera publicar, y vivió once años más al cuidado de su madre y después de su hermana, en gran parte silencioso.

Puede que la historia no sea cierta. No aparece en ningún relato contemporáneo, y todo su peso descansa sobre una única entrevista periodística concedida once años después por el hombre que le alquilaba la habitación. Aun así se le ha adherido de forma permanente, y vale la pena notar por qué. Muestra al hombre que pasó una década atacando la piedad, deshecho por la piedad, en el instante preciso en que su mente se quebró. La tradición quería esa ironía con suficientes ganas como para conservarla, hubiera ocurrido o no.

Su vida productiva duró unos quince años. La parte que importa dura unos diez. En esa década produjo una obra que hizo sustancialmente más difícil para los europeos instruidos creer que sus convicciones morales eran evidentes por sí mismas, y después guardó silencio durante once años mientras su hermana reordenaba lo que había dejado.

El hijo del pastor

Nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken, en la Sajonia prusiana, en una familia de clérigos luteranos por ambos lados. Su padre, Carl Ludwig, pastor, murió en 1849 de lo que los médicos llamaron reblandecimiento cerebral, cuando Friedrich tenía cuatro años. Su hermano menor murió seis meses después. El hogar que lo crio a partir de entonces estaba formado por su madre, su hermana Elisabeth, su abuela y dos tías.

Fue un niño devoto y de una seriedad inquietante, apodado “el pequeño pastor” por la gravedad con que recitaba las escrituras. A los catorce años ingresó en Schulpforta, el internado clásico más exigente de Alemania, y recibió la formación que dio forma a todo lo que hizo después: la filología, la disciplina técnica de establecer qué decía en realidad un texto antiguo, y qué significaban en realidad sus palabras para quienes las usaban.

Esto importa más que cualquier influencia. El método de Nietzsche durante el resto de su vida es el método de un filólogo aplicado a la moral. El método toma una palabra, bueno, malo, culpa, deber, y no pregunta qué significa sino de dónde vino, quién la usaba, y qué quería esa persona al usarla.

En Bonn y después en Leipzig abandonó la teología, lo que provocó una ruptura duradera con su madre. En una librería de viejo de Leipzig, en 1865, encontró El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer y lo leyó, según su propio relato, como en una especie de fiebre. Schopenhauer le dio la voluntad como realidad subyacente y el mundo como fundamentalmente carente de propósito. Nietzsche conservó ese diagnóstico toda su vida y acabó rechazando la prescripción: donde Schopenhauer concluía que la única respuesta decente era renunciar a la voluntad, Nietzsche llegó a pensar que esa conclusión era en sí misma la enfermedad.

Entre medias hubo un año de servicio militar, y salió mal. Sirvió en un regimiento de artillería prusiano en Naumburg desde el otoño de 1867, y en marzo de 1868, al montar su caballo, se golpeó el pecho contra el pomo de la silla y se desgarró dos músculos del costado. No pudo caminar durante meses. Es la primera entrada de un historial médico que ya nunca se cerró.

En 1869, gracias a sus artículos filológicos publicados y a la extraordinaria recomendación de Ritschl, Basilea lo nombró profesor de filología clásica. Tenía veinticuatro años, no había terminado un doctorado, y Leipzig le concedió uno sin examen. Aceptar una cátedra suiza significaba renunciar a su nacionalidad prusiana; la revocación está fechada el 17 de abril de 1869, nunca adoptó otra, y quedó oficialmente apátrida el resto de su vida. El hombre que escribió con más dureza sobre el nacionalismo alemán no tenía pasaporte de ningún país.

Sí volvió a la guerra. En agosto de 1870 dejó Basilea para servir como camillero en la campaña franco-prusiana, pasó semanas con los heridos y los moribundos, y regresó con difteria y disentería. Tenía veinticinco años, y a partir de ese punto los intervalos de buena salud nunca duran más de unos meses.

Wagner, y la primera ruptura

En Leipzig había conocido a Richard Wagner, treinta y un años mayor que él y en ese momento la personalidad artística más dominante de Europa. Durante tres años Nietzsche fue, en la práctica, un miembro más del hogar de los Wagner en Tribschen, junto al lago sobre Lucerna, y fue lo más parecido a un hogar que tuvo de adulto. Tenía allí su propia habitación, pasaba las Navidades allí, y hacía para la casa recados del tipo que un joven profesor podría haber considerado indignos de él.

El nacimiento de la tragedia (1872) surgió de ese círculo. Sostiene que la tragedia griega nació de la colisión de dos fuerzas - lo apolíneo, que es forma, individuación y el bello sueño, y lo dionisíaco, que es embriaguez, disolución y la verdad terrible que subyace debajo - y que los griegos no alcanzaron la serenidad evitando el horror de la existencia, sino afrontándolo y transfigurándolo en arte. Entonces llegó Sócrates, convirtió la razón en el valor supremo, y mató la tragedia al insistir en que el mundo fuera explicable.

El libro no tiene notas al pie y se lee como un manifiesto. Termina proponiendo el drama musical de Wagner como el renacimiento de lo trágico. El establishment filológico lo destruyó. Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff, entonces un joven erudito y más tarde el mayor clasicista de la época, publicó un panfleto titulado Zukunftsphilologie! que desmontaba el libro línea por línea con pruebas, y la carrera académica de Nietzsche terminó en la práctica a los veintisiete años. Erwin Rohde lo defendió, Wagner escribió una carta abierta en su apoyo, y ninguna de las dos cosas sirvió de nada. Los estudiantes dejaron de matricularse.

La amistad se rompió por etapas y no en una sola escena. En 1877, con la salud de Nietzsche desmoronándose, Wagner le escribió en privado a su médico, Otto Eiser, proponiendo que el problema era la masturbación excesiva. Eiser le contó a Nietzsche lo que su amigo había escrito. La furia de Nietzsche ante esa traición está documentada, y el propio Eiser situó después la ruptura en el momento en que entregó la carta.

Ya en 1876, en el primer Festival de Bayreuth, había tenido suficiente de las multitudes, el nacionalismo alemán, los mecenas y el propio Wagner. En 1878 los dos hombres intercambiaron libros, el libreto de Parsifal en una dirección y Humano, demasiado humano en la otra, y nunca volvieron a escribirse. Humano, demasiado humano está dedicado a la memoria de Voltaire en el centenario de su muerte, una declaración de lealtad tan clara como puede serlo un aforismo. Parsifal, la ópera cristiana de Wagner, Nietzsche la leyó como una capitulación ante todo lo que ambos habían despreciado juntos.

Nunca se recuperó del todo de la pérdida. Wagner murió en febrero de 1883, mientras Nietzsche terminaba la primera parte de Zaratustra, y está presente, casi siempre bajo ataque, en casi todos los libros que escribió después. Dos de los últimos cuatro tratan sobre él: El caso Wagner y Nietzsche contra Wagner, el segundo compuesto casi enteramente de pasajes que ya había publicado, como para demostrar que nunca había cambiado de opinión y que solo había dejado de ser educado.

Diez años sin domicilio

En 1879, a los treinta y cuatro años, la enfermedad lo obligó a dejar Basilea. Renunció en junio y la universidad le concedió una pensión de tres mil francos suizos al año durante seis años. Sufría migrañas que lo dejaban ciego durante días, vómitos que duraban una semana seguida, y una vista tan mala que a veces no podía leer ni escribir en absoluto. Describió años en los que era capaz de trabajar quizá un tercio de los días.

Con esa pensión se convirtió, durante la década siguiente, en un hombre sin domicilio fijo: Sils-Maria, en el Engadina, en verano, donde la luz era soportable y los paseos largos, y Génova, Rapallo, Niza, Turín en invierno. Escribía en cuadernos mientras caminaba. En 1882 compró una bola de escribir Malling-Hansen, una de las primeras máquinas de escribir comerciales, con la esperanza de poder trabajar con los ojos cerrados, y se rompió a los pocos meses. Buena parte de la forma aforística es consecuencia directa de un cuerpo que no podía sostener un párrafo.

En 1882 conoció a Lou Salomé, una intelectual rusa de veintiún años, en Roma, a través de Malwida von Meysenbug y de su amigo Paul Rée. Le pidió a Rée que la pidiera en matrimonio en su nombre y fue rechazado; se declaró él mismo en Lucerna unas semanas después y volvió a ser rechazado. Había imaginado un hogar filosófico de tres, los tres leyendo y discutiendo durante un invierno en Viena o en París. Lo que sobrevive de ese plan es una fotografía tomada en el estudio de Jules Bonnet en Lucerna el 13 de mayo de 1882: Salomé arrodillada en un pequeño carro con un látigo, Rée y Nietzsche entre los tirantes. Nietzsche lo escenificó y lo exigió a pesar de la objeción de Rée.

Lo que siguió fue una humillación, hecha permanente por Elisabeth, que detestaba a Salomé y trabajó para destruir el vínculo, escribiendo a su madre y a la familia de Salomé hasta que también desapareció la amistad con Rée. En las secuelas, en un estado que él describió como cercano al suicidio, escribió la primera parte de Así habló Zaratustra en diez días.

Los libros llegaron rápido después de eso, la mayoría a su propia costa, la mayoría vendiendo decenas de ejemplares. La cuarta parte de Zaratustra se imprimió de forma privada en cuarenta ejemplares, y solo regaló un puñado, porque no lograba pensar en suficiente gente que fuera a entenderla. De los seiscientos ejemplares de Más allá del bien y del mal, ciento catorce se habían vendido un año después de la publicación y sesenta y seis se habían regalado a periódicos. Fue, a efectos prácticos, un autor sin lectores hasta el año en que perdió la razón.

El reconocimiento llegó demasiado tarde para que llegara a registrarse. En la primavera de 1888 el crítico danés Georg Brandes dio un curso de conferencias en la Universidad de Copenhague titulado “El filósofo alemán Friedrich Nietzsche”, la primera enseñanza universitaria en cualquier lugar sobre un autor vivo al que casi nadie había leído, y atrajo a un público de trescientas personas. Nietzsche, en Turín, escribió a sus corresponsales sobre ello con el placer de un hombre que ha esperado quince años una sola reseña.

El argumento

La muerte de Dios

El pasaje famoso es La gaya ciencia §125, y casi todo lo que se suele entender de él es erróneo.

Un loco enciende un farol en plena mañana y corre al mercado gritando que busca a Dios. La gente que está allí, que no cree en Dios, se ríe de él. Él se vuelve contra ellos, les dice que son ellos quienes han matado a Dios, y luego pregunta cómo lo consiguieron:

Pero, ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo pudimos beber el mar entero? ¿Quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desprendimos esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos precipitamos sin cesar? ¿Hacia atrás, hacia los lados, hacia delante, en todas direcciones? ¿Existe todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sopla sobre nosotros el espacio vacío? ¿No se ha vuelto más frío? La gaya ciencia, §125, trad. Thomas Common

Entonces el loco los mira, arroja el farol al suelo, y dice que ha llegado demasiado pronto: el hecho está consumado pero la noticia todavía no ha llegado a nadie. Después va a cantar un réquiem en las iglesias, y cuando le preguntan qué cree que está haciendo, responde que las iglesias son ahora las tumbas y los monumentos de Dios.

De una lectura adecuada se siguen tres cosas. No es triunfalista: las imágenes son de vértigo, frío y asesinato. Se dirige a los ateos, no a los creyentes, y la broma es que quienes han dejado de creer todavía no han empezado a asumir las consecuencias. Y el problema no es la pérdida de una divinidad sino la pérdida de un fundamento: la moral europea se construyó sobre el supuesto de un orden cósmico que la garantizaba, ese supuesto ha desaparecido en silencio, y la moral sigue en pie como un edificio al que le han quitado los cimientos pero que todavía no se ha derrumbado.

El mismo libro expone el punto dos veces más, en un lenguaje más llano. En el §108 escribe que Dios ha muerto, pero que, siendo los seres humanos como son, quizá durante milenios habrá todavía cuevas en las que se muestre su sombra. En el §343, que abre el quinto libro añadido en 1887, lo llama el más importante de los sucesos recientes: que “Dios ha muerto”, que la creencia en el Dios cristiano se ha vuelto indigna de crédito, y dice que el suceso es demasiado grande para que la mayoría de la gente haya recibido ya la noticia, incluidos quienes comprenderían de inmediato qué debe derrumbarse con él, porque mucho se había construido sobre esa creencia, por ejemplo, toda nuestra moral europea.

Su nombre para la condición que se avecina es nihilismo: los valores supremos se devalúan a sí mismos. Predijo dos siglos de nihilismo y se consideraba a sí mismo un médico anunciando un diagnóstico, no un partidario celebrando una victoria.

La genealogía de la moral

La genealogía de la moral (1887) es su libro más disciplinado, y hace con los conceptos morales lo que él había sido entrenado para hacer con los textos. Se abre diciendo que nosotros, los que conocemos, somos desconocidos para nosotros mismos, y los tres ensayos son un intento de establecer, con pruebas, de dónde vinieron nuestros sentimientos más seguros.

El primer ensayo separa dos maneras de usar el lenguaje moral. En el modo más antiguo, el de los amos, los fuertes y florecientes se llaman a sí mismos buenos, en el sentido de nobles, capaces, afortunados, y llaman a lo que no se les parece malo, en el sentido de común, sin mayor interés. Es una autoafirmación, y el contraste es una idea posterior.

El modo de los esclavos invierte esto, y parte del resentimiento: el rencor de quienes no pueden actuar su hostilidad y por eso la representan de forma imaginaria. Aquí el punto de partida es el enemigo, que es declarado malvado, y lo bueno se define después como todo lo que ese malvado no es. La tesis de Nietzsche es que esta inversión fue un logro genuino: una rebelión de esclavos en la moral, llevada a cabo por sacerdotes, que triunfó tan por completo que sus categorías parecen hoy evidentes por sí mismas.

Sitúa el giro decisivo en un solo lugar, y es el pasaje que todo lector hostil ha explotado desde entonces:

Fueron los judíos quienes, en oposición a la ecuación aristocrática (bueno = aristocrático = bello = feliz = amado por los dioses), se atrevieron, con una lógica aterradora, a sugerir la ecuación contraria, y a sostenerla, además, con los dientes del odio más profundo (el odio de la debilidad), a saber: «los desdichados son los únicos buenos; los pobres, los débiles, los humildes, son los únicos buenos; los que sufren, los necesitados, los enfermos, los repugnantes, son los únicos piadosos, los únicos benditos, solo para ellos hay salvación». La genealogía de la moral, primer ensayo §7, trad. Horace B. Samuel

Lo que hace ese pasaje debe leerse frente a lo que el mismo libro hace con los aristócratas. Cuatro secciones después los describe como una bestia rubia de presa en el núcleo de toda raza noble, suelta tras el asesinato y el incendio, y dice que uno puede estar perfectamente justificado en tenerle miedo de forma permanente. La bestia rubia es un león antes de ser un alemán, y el adjetivo pertenece al animal, aunque unos párrafos después escribe de la bestia rubia germánica y la matización hay que hacerla y no darla por supuesta. Y la transvaloración que atribuye a los sacerdotes es, según su propio relato, lo que hizo interesantes a los seres humanos, porque antes de ella éramos apenas un animal bien adaptado, y toda nuestra profundidad, nuestra interioridad, nuestra capacidad de cuestionarnos a nosotros mismos, es su subproducto.

Es cuidadoso en otros aspectos en los que sus divulgadores no lo son. Está describiendo dos mecanismos de valoración, no dos razas o dos clases de persona, y dice explícitamente que ambos operan dentro de un mismo individuo.

El segundo ensayo deriva la culpa y la mala conciencia de la deuda, puesto que el alemán Schuld significa ambas cosas, y describe qué ocurre cuando un animal construido para vagar queda encerrado dentro de una sociedad: los instintos que no pueden descargarse hacia fuera se vuelven hacia dentro, y el resultado es un alma.

El tercer ensayo pregunta qué significan los ideales ascéticos, y llega a la afirmación de mayor alcance del libro: que el sacerdote ascético le dio un sentido al sufrimiento, y que eso fue un alivio enorme, porque los seres humanos pueden soportar el sufrimiento, y lo que no pueden soportar es el sufrimiento sin sentido. Incluso el compromiso científico moderno con la verdad a cualquier precio, sostiene, es el ideal ascético con su último disfraz, y ahora está desmontando al Dios que lo produjo. El ensayo termina en la frase hacia la que ha caminado todo el libro: la voluntad humana necesita una meta, y preferirá querer la Nada antes que no querer.

La voluntad de poder y el perspectivismo

La voluntad de poder se ofrece como una hipótesis sobre lo que hacen fundamentalmente los seres vivos: no conservarse ni perseguir el placer, sino extenderse, descargarse y superar resistencia. En Más allá del bien y del mal §13 lo plantea como una corrección a la biología: un ser vivo busca sobre todo descargar su fuerza, y la vida misma es voluntad de poder; la autoconservación es solo uno de sus resultados indirectos y más frecuentes.

Nietzsche es más tentativo al respecto de lo que sugiere su reputación. Donde lo formula con mayor ambición, en el §36 del mismo libro, lo construye a partir de una cadena de condicionales: suponiendo que nada estuviera dado como real salvo nuestro mundo de deseos, suponiendo que el pensamiento fuera solo una relación de los impulsos entre sí, entonces uno tendría derecho a definir toda fuerza activa como voluntad de poder. Se lee como un filósofo exponiendo qué aspecto tendría que tener una hipótesis, no como un hombre anunciando la estructura del universo. Funciona mejor no como metafísica sino como una pregunta que se le hace a cualquier valor, doctrina o institución: ¿qué hace esto por quien lo sostiene?

De ahí se sigue el perspectivismo. No existe una mirada desde ningún lugar; todo acto de conocer se hace desde una posición, con intereses. Su formulación en la Genealogía es precisa y no es el relativismo al que suele reducirse:

Solo hay un ver desde una perspectiva, solo un «conocer» desde una perspectiva, y cuantos más afectos dejemos hablar acerca de una cosa, cuantos más ojos, ojos distintos, sepamos emplear para la misma cosa, tanto más completo será nuestro «concepto» de ella, nuestra «objetividad». La genealogía de la moral, tercer ensayo §12, trad. Horace B. Samuel

La objetividad no es la ausencia de perspectiva sino la disciplina de sostener muchas. La frase inmediatamente anterior ataca la idea de un sujeto de conocimiento puro, sin voluntad, sin dolor, sin tiempo, como un ojo al que se le exige ver sin mirar hacia ninguna dirección, lo cual no es escepticismo sobre el conocer sino la exigencia de que el conocer se describa con honestidad.

El eterno retorno

La gaya ciencia §341, que Common titula “El peso más grande”. Un demonio se desliza hasta la soledad más solitaria de un hombre y le dice esto:

Esta vida, tal como la vives ahora y la has vivido, tendrás que vivirla una vez más, y también innumerables veces; y no habrá en ella nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y cada suspiro, y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida, deberá volver a ti, y todo en la misma serie y secuencia La gaya ciencia, §341, trad. Thomas Common

El pasaje sigue nombrando la araña y la luz de luna entre los árboles, y este instante, y al propio demonio, todo volviendo sin cambios. Después plantea la pregunta. Si el que escucha se arrojaría al suelo y rechinaría los dientes y maldeciría al demonio, o si hubo un instante tremendo en su vida en el que habría llamado dios al demonio y dicho que nunca había oído nada más divino.

Si lo creía cosmológicamente es discutido. Hay intentos, en los cuadernos, de una prueba a partir de una energía finita en un tiempo infinito, y nunca publicó ninguno, lo cual es en sí mismo un indicio de cuánto peso quería que cargara la física. Como prueba es inequívoco, y es lo más afilado que ideó jamás. La pregunta que plantea no es si una vida ha sido buena. Es si esa vida es asumida como propia, y si volvería a tomarse.

Amor fati

El contrapeso llega primero, al comienzo del cuarto libro de La gaya ciencia, en una sección escrita en Génova en enero de 1882 y titulada “Para el año nuevo”. Quiere, dice, percibir cada vez más lo necesario en las cosas como bello, y así convertirse en uno de los que hacen bellas las cosas. Amor fati, amor al destino, será su amor de ahora en adelante. No hará la guerra contra lo feo, no acusará, ni siquiera acusará a los acusadores. Mirar hacia otro lado será su única negación, y desea ser, de ahora en adelante, solo un afirmador.

Siete años después, en el último libro que terminó, se ha convertido en una definición:

Mi fórmula para la grandeza en el hombre es amor fati: el hecho de que un hombre no desee que nada sea distinto, ni por delante ni por detrás, ni por toda la eternidad. Ecce Homo, “Por qué soy tan inteligente” §10, trad. Anthony M. Ludovici

La frase que sigue dice que lo necesario no debe simplemente soportarse, y de ningún modo ocultarse, sino amarse, y llama a todo idealismo una falsedad frente a la necesidad.

Vale la pena decirlo con claridad: esto lo escribió un hombre con dolor casi constante, que nunca volvió a tener un empleo después de los treinta y cuatro años, cuyos libros no se vendían, al que rechazó la mujer que amaba, y que perdería la razón antes de que terminara el año. No es la filosofía de una persona afortunada.

Qué quiso decir Nietzsche con el Übermensch, y las cuatro cosas que no es

La palabra aparece en el prólogo de Así habló Zaratustra y se anuncia más que se define. Zaratustra baja de su montaña, le dice a una multitud reunida en un mercado que el hombre es algo que debe ser superado, y pregunta qué han hecho ellos para superarlo. El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el Übermensch, sobre un abismo, y lo grande en un ser humano es que es un puente y no una meta.

Eso es casi todo el contenido positivo. Nietzsche nunca describe un Übermensch y nunca identifica a uno viviente, y el término prácticamente desaparece de los libros después de Zaratustra. No es una categoría en Más allá del bien y del mal, y la Genealogía usa la palabra una sola vez, de pasada, para llamar a Napoleón una síntesis de monstruo y superhombre. Lo que sí dice es negativo y consistente, y cuatro confusiones pueden despejarse a partir del texto.

No es una etapa biológica. El pasaje de El crepúsculo de los ídolos titulado “Anti-Darwin” rechaza el mecanismo de plano, y en Ecce Homo enumera la sospecha de darwinismo entre las lecturas erróneas habituales de la palabra. En Nietzsche no hay ninguna especie evolucionando hacia el Übermensch, porque en Nietzsche no hay ninguna especie evolucionando hacia nada.

No es una raza, ni una nación. Renunció a su propia nacionalidad, pasó su último año productivo llamando a Alemania la razón por la que Europa no podía pensar, y reservó su desprecio menos irónico para quienes querían opinar sobre el valor de los pueblos y las razas.

No es un ideal, en el sentido de una mejora. El mismo pasaje de Ecce Homo se queja de que la palabra se entiende casi en todas partes como un tipo superior de hombre, mitad santo y mitad genio, que es lo contrario de lo que puede querer decir un libro escrito por el aniquilador de la moral.

No es un superhombre de cómic. La traducción de Thomas Common de 1909 usó “Superman”, siguiendo la obra de teatro de Bernard Shaw Man and Superman de 1903, y la palabra llegó al inglés ya asociada a la proeza física. El “overman” de Kaufmann es más cercano, más gris y más correcto, porque el über es una dirección, no una cantidad. El personaje de cómic, creado en 1938, no tiene nada que ver con nada de esto, y ha hecho más por fijar la imagen equivocada que cualquier filósofo.

Una cosa apunta en la dirección contraria y sus defensores suelen omitirla. En esa misma sección de Ecce Homo recuerda haberle dicho a alguien que el Übermensch se encontraría antes en un César Borgia que en un Parsifal, y disfruta de la conmoción del hombre. Es una provocación y no una definición, dirigida a un lector que había convertido la figura en un santo, pero está en la página y no es poca cosa.

Lo que queda, una vez retiradas las confusiones, es una propuesta sobre para qué podría servir un ser humano después del colapso descrito en La gaya ciencia §125: alguien que inventa valores en vez de heredarlos, y que no necesita un mundo detrás de este para soportar este. Si eso es una filosofía o un marcador de posición es una pregunta legítima, y es la que sus críticos han presionado con más fuerza.

El último hombre, y la felicidad que Nietzsche temía

En el mismo prólogo, Zaratustra intenta un segundo enfoque con la multitud. Al no conseguir que deseen el Übermensch, les ofrece lo que él llama la cosa más despreciable, el hombre que ya no puede despreciarse a sí mismo:

«¿Qué es el amor? ¿Qué es la creación? ¿Qué es el anhelo? ¿Qué es una estrella?» Así habló Zaratustra, prólogo §5, trad. Thomas Common

Así pregunta el último hombre, y parpadea. La tierra se ha vuelto pequeña, y él salta sobre ella haciéndolo todo pequeño. Ha abandonado las regiones donde la vida es dura, porque necesita calor. Todavía ama a su prójimo y se restriega contra él, para entrar en calor. Tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche, con el debido cuidado por la salud. Es inteligente y conoce todo lo que ha sucedido. Han descubierto la felicidad, dicen los últimos hombres, y parpadean.

La respuesta de la multitud es la broma que sostiene todo el prólogo. Interrumpen a Zaratustra para pedirle el último hombre, y para decirle que puede quedarse con el superhombre.

Vale la pena notar qué pone Nietzsche a la cabeza de su lista de peligros, porque no es la crueldad ni la tiranía. Es la comodidad administrada con competencia, el contento sin ninguna capacidad de desprecio que le quede, una civilización que ha abolido el sufrimiento y con él toda razón para llegar a ser algo. El último hombre es la única predicción de Nietzsche que hasta sus lectores menos indulgentes admiten que quizá acertó.

Qué atacó Nietzsche en el cristianismo, y el único cristiano al que hizo una excepción

El Anticristo, escrito en septiembre de 1888 y retenido de la publicación hasta 1895, es lo más violento que escribió, y su violencia apunta con más cuidado del que parece a primera vista.

El movimiento inicial del libro es una redefinición. Lo bueno es todo lo que aumenta el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo, en el hombre; lo malo es todo lo que procede de la debilidad. El cristianismo se juzga entonces con ese criterio y no con el suyo propio, y se lo encuentra culpable de ser una preferencia organizada por los débiles que ha avergonzado a los europeos de su propia vitalidad durante dos mil años.

Pero el ataque clasifica sus blancos. Trata a Jesús como un tipo psicológico y no como un fraude, y el trato es extrañamente tierno: un hombre de un temperamento particular que no podía resistirse, cuya práctica era una manera de vivir y no un conjunto de creencias, y del que dice, en el §31, que es una gran lástima que no hubiera cerca un Dostoievski para describirlo como merecía. Lo que Nietzsche desprecia es lo que vino después, y en concreto Pablo, a quien acusa de haber inventado toda la maquinaria de la culpa, el juicio, la inmortalidad y la recompensa, y así de haber convertido una manera de vivir en un sistema de cuentas.

Esa distinción produce la frase por la que se recuerda la sección. Al comienzo del §39, tras decir que la palabra cristianismo es en sí misma un malentendido, escribe: en el fondo solo hubo un cristiano, y murió en la cruz.

La última sección abandona el análisis:

Llamo al cristianismo la gran maldición, la gran depravación íntima, el gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es lo bastante venenoso, ni lo bastante secreto, subterráneo y pequeño. El Anticristo, §62, trad. H. L. Mencken

Lo llama, en el aliento siguiente, la única mancha inmortal sobre la raza humana, y termina proponiendo que el calendario se cuente a partir del último día del cristianismo y no del primero.

Dos matizaciones impiden que esto sea simple. Suele ser más duro con los sucesores liberales modernos de la iglesia que con la iglesia misma, con el argumento de que un cristianismo que ha abandonado en silencio su metafísica y ha conservado su moral es el arreglo más deshonesto. Y sostiene que la conciencia científica que ahora está demoliendo la creencia cristiana es en sí misma un producto cristiano, un entrenamiento de dos mil años en la veracidad que finalmente se ha vuelto contra aquello que lo entrenó. El ataque es una pelea de familia, y él mismo lo dice.

Qué pensaba Nietzsche de Darwin, y por qué no es darwinista

El error es lo bastante común como para merecer una sección, y es fácil de comprobar, porque Nietzsche escribió un pasaje con el encabezado “Anti-Darwin”.

Es el §14 de las Incursiones en El crepúsculo de los ídolos. La famosa lucha por la existencia, dice, le parece más una suposición que un hecho: ocurre, pero como excepción, y la condición general de la vida no es la escasez sino la abundancia, e incluso la prodigalidad absurda. Donde hay lucha, es una lucha por el poder y no por la supervivencia, y Malthus no debería confundirse con la naturaleza.

Después la afirmación más aguda. Suponiendo que la lucha ocurra, su resultado es el inverso de lo que espera la escuela darwiniana:

Las especies no evolucionan hacia la perfección: los débiles siempre prevalecen sobre los fuertes El crepúsculo de los ídolos, Incursiones §14, trad. Anthony M. Ludovici

Prevalecen, añade, porque son la mayoría y porque son más listos, siendo la inteligencia algo que se adquiere por necesitarla. No es un buen argumento contra Darwin, cuya teoría no dice nada sobre la perfección y no mide la fuerza como la mide aquí Nietzsche. Es no obstante, con toda claridad, un argumento contra él, hecho por escrito, y descarta la idea de que el Übermensch sea una etapa de la evolución o de que Nietzsche tuviera algún interés en criar un organismo superior. Su desacuerdo con Darwin es que el mundo de Darwin es demasiado inglés, demasiado prudente, y organizado en torno a seguir vivo, que es para Nietzsche lo menos interesante que hace un organismo.

“No hay hechos, solo interpretaciones”: lo que escribió Nietzsche, y dónde

La frase es real y su estatus no es el que asume internet. Procede de un cuaderno de finales de 1886, no publicado en vida, y está escrita contra un blanco concreto. Contra el positivismo, que se detiene en los fenómenos y dice que eso son solo hechos, objeta que los hechos son precisamente lo que no hay, y que solo hay interpretaciones. El pasaje sigue diciendo que son nuestras necesidades las que interpretan el mundo, y que cada impulso tiene su perspectiva y querría imponerla como norma.

De ahí se siguen tres cosas.

Es una entrada de cuaderno, no una doctrina que publicara, y pertenece al montón de material reunido después como La voluntad de poder. Eso no la hace inauténtica. Sí significa que nunca recibió el marco, las matizaciones o el argumento circundante que recibe una frase publicada.

Apunta contra el positivismo, no contra la verdad. Lo que se niega es que exista una capa de hecho bruto no interpretado bajo nuestras teorías con la que estas puedan contrastarse. No se afirma que un relato valga tanto como cualquier otro, y el mismo cuaderno dice que son nuestras necesidades las que interpretan, lo cual es una afirmación sobre causas y no una licencia.

Y su posición publicada, en el pasaje de la Genealogía citado más arriba, apunta en la otra dirección. El remedio para tener una perspectiva no es abandonar la idea de objetividad sino adquirir más perspectivas. Una lectura que convierte a Nietzsche en relativista tiene que explicar por qué el hombre que supuestamente niega los hechos pasó una década discutiendo sobre el registro histórico del vocabulario moral, y tratando la evidencia como si pudiera zanjar la cuestión.

Nietzsche y las mujeres, y quién dice en realidad la frase del látigo

La frase es la última del capítulo “De las viejas y las jóvenes” en la primera parte de Así habló Zaratustra, y no es de Zaratustra.

El capítulo es un marco. Zaratustra cuenta que una viejecita lo detuvo y le pidió que hablara sobre las mujeres, y él pronuncia entonces una serie de sentencias: que la mujer es un enigma cuya solución es el embarazo; que el hombre debe entrenarse para la guerra y la mujer para el descanso del guerrero; que la superficie del alma de la mujer es una película móvil sobre agua poco profunda mientras que la del hombre es profunda. La respuesta de la anciana es seca. Le dice que ha dicho muchas cosas hermosas, sobre todo para quienes son lo bastante jóvenes para ellas, y observa que es extraño que Zaratustra sepa tan poco de las mujeres y aun así tenga razón sobre ellas. Después le ofrece una pequeña verdad a cambio, y le advierte que le mantenga la boca cerrada o gritará:

«¿Vas a ver mujeres? ¡No olvides el látigo!» Así habló Zaratustra, “De las viejas y las jóvenes”, trad. Thomas Common

Quién lo dice cambia lo que está haciendo. Se presenta como la contraestocada de una mujer, en un capítulo cuya broma es que al profeta se le ha seguido la corriente. Nietzsche también se las arregló, unos ocho meses antes de escribir el capítulo, para que lo fotografiaran enjaezado frente a una joven que sostenía un látigo, lo que sugiere que sabía en qué dirección cortaba la imagen.

Nada de eso lo convierte en un aliado de la causa. El discurso citado arriba es suyo, y también lo son los §§231 a 239 de Más allá del bien y del mal. La sección 231 abre la secuencia concediendo que un pensador no puede aprender nada nuevo sobre el hombre y la mujer, que lo que tiene sobre el tema es un granito de prejuicio inenseñable, y que lo que sigue son, por tanto, meramente sus propias verdades. Después las dice de todos modos. La sección 232 llama al deseo de la mujer de ser independiente uno de los peores desarrollos en el afeamiento general de Europa, y sostiene que lo que ha contenido hasta ahora sus peores cualidades es el miedo a los hombres. También, en la práctica, tomó en serio a las mujeres intelectuales de un modo que su prosa no refleja: Lou Salomé, Malwida von Meysenbug, Meta von Salis, Resa von Schirnhofer y Helen Zimmern, que tradujo el libro que insulta a su sexo, fueron sus corresponsales y en varios casos sus defensoras. La brecha entre las frases y la vida es real, y no es una excusa. Es un dato sobre un hombre que pensaba que sus prejuicios eran datos.

Qué le debía Nietzsche a Dostoievski, y qué dijo en realidad sobre él

Lo descubrió tarde y por accidente. Escribiendo a Heinrich Köselitz desde Niza el 7 de marzo de 1887, describió el hallazgo como uno de esos encuentros fortuitos en una librería, un nombre desconocido y un libro abierto al azar, seguido de un instinto inmediato de parentesco, exactamente como le había ocurrido con Stendhal. Había cogido un volumen francés titulado L’esprit souterrain, que resultó contener una versión de Memorias del subsuelo unida a un relato temprano, y lo leyó en un estado cercano a la embriaguez. Después recorrió La casa de los muertos, que llamó uno de los libros más humanos que existen, y Humillados y ofendidos, por recomendación de Overbeck.

La frase que todo el mundo cita es de El crepúsculo de los ídolos, escrito al año siguiente. Al discutir el tipo criminal y si la sociedad lo fabrica, se detiene para reconocer su fuente:

Dostoievski, de quien, dicho sea de paso, fue el único psicólogo del que tuve algo que aprender: pertenece a los golpes de suerte más felices de mi vida, más felices incluso que el descubrimiento de Stendhal. El crepúsculo de los ídolos, Incursiones §45, trad. Anthony M. Ludovici

Dos cosas sobre esa deuda suelen exagerarse. Leyó a Dostoievski durante menos de dos años, en traducción francesa, y nunca leyó completos Los hermanos Karamázov ni Crimen y castigo: lo que tenía eran las memorias de la cárcel, el hombre del subsuelo y una novela de humillación. Y lo que tomó fue psicológico, no religioso. Quería la evidencia de lo que el sufrimiento le hace a una personalidad, y tomó a los convictos siberianos como prueba de que el criminal es un tipo fuerte en el entorno equivocado. La respuesta de Dostoievski al vacío que había retratado tan bien fue Cristo, y Nietzsche, que pensaba que Cristo era el origen de ese vacío, parece no haberlo confrontado nunca de manera directa.

Lo elogió una vez más en El Anticristo §31, donde dice que lo único que le falta al registro de Jesús es un Dostoievski que lo hubiera descrito. Es un elogio sorprendente viniendo del hombre que escribía el libro llamado El Anticristo, y es la prueba más clara de en cuánto valoraba esa psicología.

Si Nietzsche fue antisemita, y qué les escribió a los antisemitas

Esta es la pregunta de la que depende toda la reputación, y puede responderse con documentos y no con impresiones.

Los libros publicados. Aurora §205, “El pueblo de Israel”, escrito en 1881, sostiene que los judíos de Europa han pasado por una escuela de dieciocho siglos que ningún otro pueblo ha atravesado, que su resiliencia y su versatilidad intelectual son el resultado, y que Europa debería esperar que se convirtieran en sus amos, lo cual trata como un desenlace que hay que celebrar. Más allá del bien y del mal §251 aborda el tema ventrilocuizando primero, largamente, el instinto alemán, con su exigencia de no dejar entrar a más, y después dando la vuelta al pasaje: los judíos son, escribe, sin ninguna duda la raza más fuerte, más dura y más pura que vive hoy en Europa; los antisemitas son la enfermedad; y si Alemania quiere estar menos nerviosa, sería útil y justo expulsar del país a los chillones antisemitas. El pasaje de la Genealogía citado antes es la prueba estándar en su contra, y es genuinamente hostil a lo que llama el judaísmo sacerdotal, del mismo modo y por la misma razón por la que es hostil al cristianismo, que trata como su continuación y su exportación más exitosa. Nada en él es racial, y los antisemitas de su propia época lo leyeron y entendieron que no era uno de ellos.

Las cartas. En marzo de 1887, Theodor Fritsch, editor de la Antisemitische Correspondenz y más tarde autor de un manual que el partido nazi reeditaría durante décadas, le escribió a Nietzsche como a un posible aliado. Nietzsche respondió el 23 de marzo recomendándole a Fritsch que fuera a leer Aurora §205, y añadiendo que los judíos le resultaban objetivamente más interesantes que los alemanes, que contaba el antisemitismo entre las idiosincrasias del espíritu alemán actual, y que entre sus amigos no tenía judíos, pero tampoco antisemitas. Fritsch le envió más números. El 29 de marzo Nietzsche se los devolvió:

Sin embargo le pido que en el futuro no me favorezca con estos envíos: al final temo por mi paciencia. Créame: este deseo abominable de diletantes ruidosos de opinar sobre el valor de los seres humanos y las razas, esta sujeción a autoridades que toda mente más cuidadosa rechaza con frío desprecio (por ejemplo E. Dühring, R. Wagner, Ebrard, Wahrmund, P. de Lagarde: ¿cuál de ellos es el menos justificado, el más injusto, en cuestiones de moral e historia?), estas constantes y absurdas falsificaciones y manipulaciones de los vagos conceptos germánico, semita, ario, cristiano, alemán, todo eso podría, a la larga, enfadarme seriamente y sacarme de la benevolencia irónica con que hasta ahora he observado las veleidades virtuosas y los fariseísmos de los alemanes actuales. Y, por último, ¿qué cree usted que siento cuando el nombre de Zaratustra se toma en boca de los antisemitas? Carta a Theodor Fritsch, Niza, 29 de marzo de 1887, traducida del alemán

Una entrada de cuaderno de esas mismas semanas es más directa, y registra que le había escrito a Fritsch para darle una buena patada, y que no hay en Alemania una banda más impertinente ni más estúpida que estos antisemitas.

La familia. Elisabeth se había casado con Bernhard Förster en 1885, uno de los líderes del movimiento antisemita alemán y uno de los principales impulsores de la petición para restringir los derechos de los judíos; Nietzsche no asistió a la boda. A finales de diciembre de 1887, tras encontrar el nombre de Förster en el periódico de Fritsch, redactó una carta para ella que sobrevive de su puño y letra. Le dice que ahora se le ha demostrado en blanco y negro que su marido no ha abandonado el movimiento, que la separación entre ambos queda zanjada de la manera más absurda posible, y le pregunta si no ha entendido nada de para qué está él en el mundo. Dice que ahora debe defenderse con uñas y dientes de que lo confundan con la canalla antisemita, que se encuentra en un estado de autodefensa contra el partido de su marido, y que los antisemitas no han de poner las manos sobre su ideal. Después una línea sobre cuánto ha sufrido por que el apellido familiar se haya mezclado con el movimiento a causa de su matrimonio, y una observación de que ha llegado a pensar de las hermanas más o menos lo que pensaba Schopenhauer: que son superfluas y causan problemas.

La última semana. En los primeros días de enero de 1889, al escribir las notas que marcan el final de su cordura, la obsesión sigue ahí. El 3 de enero le dice a Meta von Salis que ha tomado posesión de su reino, que ha metido al Papa en prisión, y que está haciendo fusilar al Kaiser, a Bismarck y al predicador de la corte Adolf Stöcker. Hacia el 4 de enero le escribe a Franz e Ida Overbeck sobre una deuda que piensa saldar y termina: en este momento estoy haciendo fusilar a todos los antisemitas. Está firmada Dionysos. Sea lo que sea de lo que ese documento sea evidencia, no lo es de simpatía.

El resumen honesto es este. Nietzsche no fue antisemita, lo dijo de forma repetida y a un costo real, y rompió por ello con su editor, con su héroe y con su hermana. También fue un generalizador incansable sobre los pueblos, escribió el pasaje de la Genealogía que se ha citado contra los judíos durante un siglo, y produjo un vocabulario de amos, rebaños y crianza que gente a la que él habría despreciado pudo tomar prestado intacto. Nietzsche’s Jewish Problem, de Robert Holub, es el libro que se niega a redondear ninguna de las dos mitades de eso.

La falsificación

Se derrumbó en Turín en enero de 1889 y nunca se recuperó. Pasó once años al cuidado de su madre y, tras la muerte de esta en 1897, de su hermana.

Elisabeth Förster-Nietzsche es una de las albaceas literarias más consecuentes de la historia, en la dirección equivocada. Se había casado con Bernhard Förster en 1885 y se había marchado con él a Paraguay, donde el 15 de febrero de 1887 fundaron Nueva Germania, una colonia “puramente alemana” de catorce familias en tierras compradas con dinero que no tenían. El suelo era pobre, los colonos empezaron a marcharse, los acreedores acorralaban, y el 3 de junio de 1889, cinco meses después del colapso de su hermano, Förster se quitó la vida con veneno en un hotel de San Bernardino. Elisabeth regresó a Alemania en 1893 y contó la historia el resto de su vida como un acto de sabotaje ajeno.

A lo que regresó fue a un inválido cuyos libros habían empezado, por fin, a leerse. Fundó el Archivo Nietzsche en Naumburg en 1894 y lo trasladó a Weimar, a la Villa Silberblick, cuyo interior Henry van de Velde rediseñó para ella. Escribió una biografía en tres volúmenes, Das Leben Friedrich Nietzsches, entre 1895 y 1904, fue propuesta cuatro veces al Premio Nobel de Literatura gracias a ella, e instaló a su hermano arriba, vestido de blanco, para que los visitantes lo contemplaran.

Después hizo un libro. La voluntad de poder apareció en 1901 con 483 secciones, editado por Peter Gast y los hermanos Ernst y August Horneffer bajo su dirección, y de nuevo en 1906 con 1067, editado por Elisabeth y Gast. Se presentó como la obra maestra sistemática hacia la que Nietzsche había estado construyendo y que no había vivido para terminar.

Había estado construyendo hacia ella, y después se había detenido. El título aparece por primera vez en sus notas a finales del verano de 1885, y a finales de agosto de 1888 sustituyó todo el plan por uno distinto, la Transvaloración de todos los valores, y usó esas mismas notas para escribir en su lugar El crepúsculo de los ídolos y El Anticristo. Lo que los compiladores tenían delante era, por tanto, una cantera, no un manuscrito.

El cargo preciso importa, porque exagerarlo ha permitido que el libro sobreviva. La sustancia de La voluntad de poder es de Nietzsche: los compiladores no inventaron ninguna filosofía, y cada idea del libro puede encontrarse en los cuadernos. Lo que inventaron fue el libro, su título, su orden, sus encabezados, y en algunos lugares su tejido conjuntivo, hasta la pregunta que Peter Gast escribió a la cabeza de la sección 606 y que todas las ediciones han impreso como si fuera de Nietzsche. Lo que se hizo se hizo sobre la disposición, y Montinari lo contó. De los 374 fragmentos que el propio Nietzsche había numerado pensando en este proyecto, 104 se dejaron fuera por completo de la compilación, y 84 de ellos no se publicaron en ningún sitio. De los 270 que sí se usaron, 137 se imprimieron incompletos o alterados, con encabezados eliminados, frases suprimidas, y pasajes que pertenecían juntos separados. Nietzsche había repartido los primeros 300 entre los cuatro libros de su propio plan; los compiladores pasaron por alto esa división en al menos sesenta y cuatro lugares.

Un ejemplo basta para ilustrarlo. El libro se cierra con el §1067, el pasaje que termina llamando al mundo voluntad de poder y nada más, colocado como una peroración final y leído por generaciones como la última palabra de Nietzsche. Es una entrada de cuaderno de mediados de 1885, escrita tres años antes que los últimos libros, elegida para la última página por editores que querían que el volumen terminara como una sinfonía.

Las cartas se trataron peor que las notas, y ahí la palabra falsificación es exacta. Elisabeth produjo lo que llamó Urabschriften, copias originales: transcripciones de cartas que decía que se habían perdido o destruido, reconstruidas por ella, en las que pasajes que su hermano había escrito a su madre y a otros reaparecen dirigidos a ella, y en las que la relación parece cálida y continua. Karl Schlechta expuso la práctica en el epílogo filológico de su edición de 1956, y hay implicadas cerca de treinta cartas. También mantuvo Ecce Homo, con su capítulo sobre por qué los alemanes son la razón por la que nada puede entenderse y sus comentarios sobre su familia, fuera de imprenta durante veinte años, hasta que se publicó en 1908 gracias a Raoul Richter.

Vivió hasta el 8 de noviembre de 1935. Hitler y Elisabeth se conocieron en el estreno de una obra de teatro en Weimar en enero de 1932; él visitó el archivo el 2 de noviembre de 1933 y regresó después. Heinrich Hoffmann lo fotografió en la sala de recepción contemplando un busto de Nietzsche, y la imagen dio la vuelta al mundo. Ella le regaló el bastón de su hermano. El archivo recibió dinero de sus fondos privados, y se trazaron planes para un salón conmemorativo. En su funeral en Weimar, él ocupó la primera fila.

El estudio de Walter Kaufmann de 1950 hizo la mayor parte del trabajo de separar al filósofo de esa herencia para los lectores anglófonos, y la edición crítica de Colli y Montinari, iniciada en 1967, lo hizo para los textos. La asociación todavía no se ha disipado del todo, lo cual es una demostración de una de las propias afirmaciones de Nietzsche: lo que se entiende que algo significa lo decide quien se apodera de ello.

Cómo Nietzsche se convirtió en autor nazi, y cómo dejó de serlo

El archivo suministró el material; la lectura había que construirla, y puede fecharse.

Empezó antes de que existiera el partido. Durante la Primera Guerra Mundial la industria editorial alemana produjo una edición de campaña resistente de Así habló Zaratustra para el frente, y la cifra que suele darse es de ciento cincuenta mil ejemplares, llevados en las mochilas junto al Nuevo Testamento bajo la teoría de que un libro sobre la dureza endurecería a los hombres. Casi nada en Zaratustra respalda ese uso. Aun así se llevó, y una generación conoció a Nietzsche como una pieza más del equipo asignado.

La versión oficial llegó en 1931, de la mano de Alfred Bäumler, cuyo Nietzsche, der Philosoph und Politiker sostenía que la voluntad de poder era el centro de la obra, que el Estado y el Volk eran su conclusión natural, y que todo lo que apuntara en otra dirección podía descartarse. Para llegar ahí, Bäumler tuvo que desechar el eterno retorno como una aberración, ignorar el cosmopolitismo, ignorar el desprecio por Alemania, y apoyarse casi por entero en la compilación que había hecho Elisabeth. Fue recompensado con una cátedra en Berlín en 1933. La lectura nunca fue universal ni siquiera dentro del partido, donde un filósofo que despreciaba el Estado, el Reich y la idea de raza era una herencia difícil, y hubo quienes se opusieron a ella y querían descartarlo por completo. Sus libros también se leyeron contra el régimen, por lectores que no tenían otro vocabulario permitido para lo que estaban presenciando.

El giro tomó dos formas. El Nietzsche: Philosopher, Psychologist, Antichrist de Kaufmann, de 1950, defendió el caso en inglés, citando las cartas y los pasajes que el archivo había enterrado, y funcionó tan a fondo que la queja habitual sobre él hoy es la contraria: que Kaufmann produjo un Nietzsche domesticado, apolítico y humanista que tampoco está en el texto. La segunda forma fue filológica. Giorgio Colli y Mazzino Montinari acudieron a los manuscritos en los años sesenta y publicaron todo en el orden en que se había escrito, lo cual eliminó la posibilidad de un Nietzsche montado por encargo, porque cualquier lector puede ver ahora la fecha de cada línea.

Qué le ocurrió a Nietzsche en Turín el 3 de enero de 1889

El colapso es cierto. El caballo es una frase en una entrevista.

Nietzsche llevaba en Turín desde septiembre de 1888, en unas habitaciones de la Via Carlo Alberto alquiladas a Davide Fino, un vendedor de periódicos, y hacia diciembre sus caseros estaban preocupados. Tocaba el piano durante horas, cantaba, se le oía gritar, y encontraron billetes rotos en su papelera. El 3 de enero salió y no volvió por su propio pie. Por esos mismos días envió por correo las notas firmadas Dionysos y El Crucificado a Cosima Wagner, Jacob Burckhardt, Georg Brandes, el rey de Italia y el secretario de Estado del Vaticano. Burckhardt llevó la suya a Overbeck, Overbeck vino desde Basilea, y el 9 de enero consiguió subir a Nietzsche a un tren hacia la clínica psiquiátrica de allí, diciéndole que iban a un festival en su honor.

Todo en ese párrafo está documentado por cartas escritas en su momento. El caballo no. Su única fuente es una entrevista que Fino dio a un periodista sin nombre en 1900, once años después y el año en que murió Nietzsche, en la que dijo que caminaba por la Via Po cuando vio una multitud acercarse hacia él con dos guardias municipales en medio, acompañando al profesor; que Nietzsche se arrojó a sus brazos al verlo; y que los guardias dijeron que habían encontrado al extranjero fuera de las puertas de la universidad, agarrado al cuello de un caballo y negándose a soltarlo.

Eso es todo. En el relato de Fino no hay cochero ni paliza. Fino no estaba allí cuando ocurrió, y repite lo que le contó un policía. La versión que circula generalmente, con el azote, el llanto y el escenario en la Piazza Carlo Alberto, fue ensamblada después por biógrafos, cada uno de los cuales añadió un detalle verosímil, y las versiones no coinciden entre sí sobre la plaza, el sexo del animal ni el orden de los hechos.

Por qué se quedó fijada es una pregunta mejor que si ocurrió. Nietzsche había pasado los dieciocho meses anteriores leyendo a Dostoievski, en cuyo Crimen y castigo Raskólnikov sueña con una yegua golpeada hasta la muerte por una multitud y le echa los brazos a su hocico ensangrentado. Un hombre que acababa de llamar a Dostoievski el único psicólogo del que había aprendido, enloqueciendo a la manera de una escena de Dostoievski, es una historia demasiado buena para perderla, y la tradición se ha negado a perderla.

Qué enfermó a Nietzsche, y por qué el diagnóstico de sífilis ya no es seguro

Estuvo enfermo veinticinco años antes de enloquecer, y los dos hechos se han explicado habitualmente con una sola causa.

El diagnóstico contemporáneo, hecho en Basilea y confirmado en la clínica de Jena bajo Otto Binswanger, fue parálisis progresiva de origen sifilítico: paresia general, la etapa terciaria de una infección que se suponía databa de sus años de estudiante o de los hospitales militares de 1870. Encajaba con las expectativas del siglo, encajaba con las cartas grandilocuentes, y se dio por asunto zanjado.

No ha resistido bien el examen. Las objeciones son clínicas y no sentimentales. En esa época, la paresia general mataba entre dos y cinco años después de su inicio, y Nietzsche vivió once, con un deterioro físico que superaba el ritmo de una demencia que en algunos aspectos parece haberse estabilizado. Las notas clínicas no muestran los hallazgos pupilares clásicos. Las migrañas severas, la enfermedad ocular y los vómitos se remontan a su adolescencia, décadas antes de cualquier infección plausible, y su padre murió a los treinta y cinco años de una enfermedad neurológica que los médicos de 1849 llamaron reblandecimiento cerebral.

En la literatura médica se han defendido candidatos modernos y ninguno se ha impuesto. Un tumor frontal del lado derecho, muy probablemente un meningioma, se propuso en 2003 y explica los síntomas oculares y el cambio de personalidad. Orth y Trimble defendieron la demencia frontotemporal en 2006, alegando que la conducta tardía se parece más a la desinhibición que a la paresia. En 2008, Hemelsoet y sus colegas defendieron el CADASIL, una enfermedad hereditaria de los pequeños vasos cerebrales que produce migraña con aura en la primera juventud, ictus en la madurez, y demencia al final, y que explicaría tanto al padre como al hijo. Es actualmente la hipótesis más discutida y no está demostrada; no sobrevive ningún tejido, y la familia nunca ha sido examinada.

Lo que puede decirse es más estrecho que cualquiera de las etiquetas. Sufrió dolor real durante la mayor parte de su vida adulta, la obra se escribió en los intervalos, y el colapso de enero de 1889 fue el final de un proceso que llevaba años siendo visible para cualquiera que leyera sus cartas. La costumbre de tratar la filosofía como un síntoma de la enfermedad es más vieja que cualquiera de los diagnósticos y ninguno de ellos la respalda.

Las frases que Nietzsche nunca escribió, y las que sí

Es el filósofo más citado erróneamente en la lengua, en parte porque escribía en aforismos que se desprenden con limpieza y en parte porque su tono es fácil de falsificar.

La frase más difundida que se le atribuye no es suya. “Y a los que se veía bailar los tenían por locos aquellos que no podían oír la música” no aparece en ninguna parte de su obra. Surge como un proverbio sin atribuir en la prensa inglesa en 1927, la cita George Carlin en 1997 sin autor, y se le atribuye por primera vez a Nietzsche en un mensaje de foro de 2003. Su antecesora es una línea de De l’Allemagne, de Germaine de Staël, de 1813. La atribución es más joven que internet.

Varias que suenan apócrifas son genuinas, y pueden encontrarse donde se dice que están:

“Lo que no me mata, me hace más fuerte” es real, y es la octava de las Máximas y proyectiles que abren El crepúsculo de los ídolos, bajo el encabezado “De la escuela militar de la vida”. Aquí se cita la versión de Ludovici.

“Si un hombre conoce el porqué de su existencia, entonces el cómo puede cuidarse solo” es la duodécima del mismo conjunto, que suele encontrarse en la forma comprimida sobre un porqué y un cómo.

“Sin música, la vida sería un error” es la trigésimo tercera, y llega justo después de un comentario sobre lo pequeñas que son las cosas que componen la felicidad, y una gaita.

“Quien lucha con monstruos debe cuidar de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” es el §146 de Más allá del bien y del mal, en la traducción de Helen Zimmern.

“Siempre hay algo de locura en el amor. Pero también hay siempre algo de método en la locura” es de Así habló Zaratustra, en el capítulo sobre leer y escribir, en la traducción de Common. La versión de amplia circulación dice razón en vez de método, que es la de Kaufmann.

“Dios ha muerto” es real y está citada más arriba, y es el único caso en el que conocer la fuente cambia por completo el sentido, porque en La gaya ciencia lo dice un loco ante una multitud de incrédulos a quienes les parece gracioso.

La prueba general es fácil de aplicar y rara vez se aplica. Las obras de Nietzsche están divididas en secciones numeradas. Una cita suya a la que no se le pueda dar un libro y un número de sección es una cita sin nada detrás.

Por dónde empezar con Nietzsche, y el orden en que llegaron los libros

Los libros se escribieron en tres fases y no se leen igual, razón por la cual tantos lectores rebotan contra el primero que cogen.

La obra temprana es El nacimiento de la tragedia (1872) y las cuatro Consideraciones intempestivas (1873 a 1876): un joven clasicista escribiendo bajo la influencia de Wagner y Schopenhauer, en párrafos largos, sobre arte y cultura. El periodo intermedio empieza con Humano, demasiado humano (1878) y continúa con Aurora (1881) y La gaya ciencia (1882): llega el aforismo, se va la metafísica, y se elabora el método de preguntar de dónde vino un valor. El periodo tardío es Así habló Zaratustra (1883 a 1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), y después el año final, abarrotado, que produjo El caso Wagner, El crepúsculo de los ídolos, El Anticristo, Ecce Homo y Nietzsche contra Wagner entre la primavera y diciembre de 1888.

Para una primera lectura, la Genealogía es el libro. Tiene tres ensayos, una pregunta declarada, un argumento que puede seguirse y discutirse, y contiene casi todo aquello sobre lo que descansa la reputación. El crepúsculo de los ídolos es la mejor muestra breve de la voz tardía y se lee en una tarde. Más allá del bien y del mal es la formulación más completa y resulta más fácil después de la Genealogía que antes de ella.

Zaratustra es el famoso y el peor lugar para empezar. Es una parodia de la Biblia luterana escrita por un hombre que suponía que su lector se sabía el original de memoria, su argumento lo llevan las imágenes y no las afirmaciones, y el propio Nietzsche, en Ecce Homo, lo trata como un libro para el que todavía no existían lectores. Premia una segunda visita y castiga la primera.

Dos cosas que evitar al empezar. La voluntad de poder no es un libro que él escribiera, y leerlo como si lo fuera produce un Nietzsche sistemático que no existe. Y el formato de citas recopiladas, del que hay una gran cantidad, elimina precisamente lo que convierte las frases en argumentos y no en consignas, que es la sección en la que se asientan.

Por qué está en esta mesa

Ocupa el asiento dos, en el ala izquierda, entre Maquiavelo y Dostoievski, y es difícil imaginar una colocación más exacta.

Su función es hacer la pregunta que ningún otro asiento quiere hacer: ¿a quién beneficia que esto se llame bueno? Una vez alcanzada una conclusión moral, Nietzsche es quien se niega a aceptarla al pie de la letra y pregunta por su linaje - qué clase de persona necesitaba ese valor, qué era incapaz de hacer, y qué dejó de tener que sentir mal llamándolo virtud.

Es el consejero más peligroso de esta mesa, y vale la pena precisar por qué. No porque sus conclusiones sean perversas - muchas son diagnósticas y no prescriptivas - sino porque su método disuelve el suelo bajo todos los demás asientos y no ofrece nada sólido en su lugar. Es muy bueno mostrando que un valor tiene una historia y mucho menos bueno diciéndole a alguien qué hacer el martes.

Al otro lado de la mesa se sientan las cuatro figuras que pasó la vida atacando. Jesús, cuya ética hace remontar al ressentiment - aunque distingue con cuidado entre el hombre, a quien trata con algo cercano al respeto, y lo que construyó Pablo. Buda, a quien leyó como el nihilista más honesto de la historia, y por eso admiró y rechazó en el mismo aliento. Platón, a quien culpó de todo el aparato de un mundo más verdadero detrás de este - el cristianismo es platonismo para el pueblo. Marco Aurelio, cuya resignación estoica él llamaría la voluntad de poder vuelta hacia dentro y con un nombre mejor.

Y a su lado, en el asiento tres, el único hombre que vio lo mismo que él vio y tomó el camino opuesto. Nietzsche llamó a Dostoievski el único psicólogo del que tenía algo que aprender. Ambos entendieron que un mundo sin Dios termina en algún lugar terrible. Dostoievski concluyó que la única salida era Cristo. Nietzsche concluyó que Cristo era donde empezaba el problema.

Lo que la mesa le plantea es el cargo que nunca supo responder del todo: que la afirmación que él exigía fue una que él mismo nunca logró, que el Übermensch es un espacio vacío donde debería haber una propuesta, y que una filosofía que termina en una plaza de Turín con un hombre llorando sobre un caballo nos ha dicho algo sobre sí misma.

Las obras

  1. 1872

    El nacimiento de la tragediaDie Geburt der Tragödie

    Su primer libro, y el que acabó con su reputación académica antes de que empezara. Sostiene que la tragedia griega surgió de la tensión entre la forma apolínea y la disolución dionisíaca - y que Sócrates la mató al convertir la razón en el valor supremo.

  2. 1873–1876

    Consideraciones intempestivasUnzeitgemässe Betrachtungen

    Cuatro ensayos extensos: contra David Strauss, sobre la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida, sobre Schopenhauer como educador, y sobre Wagner en Bayreuth. El segundo todavía lo leen los historiadores. El cuarto es lo último que escribió como discípulo.

  3. 1878

    Humano, demasiado humanoMenschliches, Allzumenschliches

    La ruptura con Wagner y con la metafísica, escrita en aforismos y dedicada a la memoria de Voltaire en el centenario de su muerte. Frío, analítico, y el comienzo del método maduro: tomar un valor noble y preguntar de dónde vino.

  4. 1881

    AuroraMorgenröthe

    Subtitulado "pensamientos sobre los prejuicios morales". El más silencioso de los libros, y el que enviaba a leer a los antisemitas, porque el §205, sobre el pueblo de Israel, dice lo contrario de lo que esperaban.

  5. 1882

    La gaya cienciaDie fröhliche Wissenschaft

    Contiene al loco que anuncia la muerte de Dios (§125) y la primera formulación del eterno retorno (§341). En 1887 se añadió un quinto libro. El título significa algo más cercano a "la ciencia alegre" - el arte del trovador, no una disciplina.

  6. 1883–1885

    Así habló ZaratustraAlso sprach Zarathustra

    Cuatro partes, escritas en ráfagas de diez días cada una. Una parodia bíblica en la que un profeta baja de una montaña para anunciar al Übermensch. Su libro más famoso, el menos argumentativo, y el que él consideraba su mejor obra. La cuarta parte se imprimió de forma privada en cuarenta ejemplares.

  7. 1886

    Más allá del bien y del malJenseits von Gut und Böse

    El regreso a la prosa después de Zaratustra, y la formulación más clara de la filosofía madura: el perspectivismo, la voluntad de poder, la crítica a los filósofos como autobiógrafos inconscientes. Impreso a su costa en 600 ejemplares.

  8. 1887

    La genealogía de la moralZur Genealogie der Moral

    Tres ensayos, su libro más sostenido y disciplinado. Donde la moral de amos y esclavos, el resentimiento, la mala conciencia y el ideal ascético se exponen como historia y no como afirmación.

  9. 1888

    El caso Wagner · Nietzsche contra WagnerDer Fall Wagner · Nietzsche contra Wagner

    Dos polémicas breves contra el hombre que había sido el centro de su juventud. La segunda está compuesta casi por entero de pasajes que ya había publicado, que es su manera de decir que la ruptura nunca fue un cambio de opinión.

  10. 1888

    El crepúsculo de los ídolos · El Anticristo · Ecce Homo

    El último año productivo, en el que escribió cuatro libros entre finales de agosto y mediados de diciembre. El Crepúsculo le llevó nueve días, entre el 26 de agosto y el 3 de septiembre de 1888. La prosa está en su punto más afilado y la autoevaluación empieza a resbalar: Ecce Homo tiene capítulos titulados "Por qué soy tan sabio" y "Por qué escribo libros tan buenos".

  11. 1901, ampliado en 1906

    La voluntad de poderDer Wille zur Macht

    No es un libro que él escribiera. Una selección de sus cuadernos, ordenada después de su colapso por su hermana y Peter Gast, y presentada como la obra maestra que nunca terminó. Se incluye aquí porque los lectores lo buscan, y porque saber qué es cambia cómo debe leerse cada línea.

Donde las respuestas se separan

La misma pregunta, leída de otro modo por los asientos vecinos.

  • Niccolò Machiavelli

    Si el hombre fuerte es admirable

    Nietzsche leyó a Maquiavelo con deleite y reivindicó el mismo aire limpio - la misma negativa a moralizar sobre el poder. Pero Maquiavelo quería que una república sobreviviera a un siglo de invasiones, y Nietzsche quería que un individuo excepcional escapara del rebaño. Uno es un funcionario que piensa en el Estado; el otro considera a los Estados el más frío de todos los monstruos fríos. Su acuerdo es real, y más superficial de lo que parece.

  • Fyodor Dostoevsky

    Qué sigue cuando Dios se va

    Nietzsche llamó a Dostoievski el único psicólogo del que tenía algo que aprender, y lo leyó tarde y con hambre. Diagnostican la misma enfermedad y recetan curas opuestas: para Dostoievski, un mundo sin Dios termina en el hacha de Raskólnikov y en el colapso de Iván, y la salida es Cristo; para Nietzsche, Cristo es el origen de la enfermedad. Dos hombres mirando la misma herida desde lados opuestos de la cama.

  • Plato

    Si existe un mundo más verdadero detrás de este

    El prefacio de Más allá del bien y del mal llama al cristianismo platonismo para el pueblo, una acusación dirigida más allá del cristianismo, hacia su origen. El cargo de Nietzsche es que la invención de un mundo más verdadero en otra parte es lo que enseñó a Europa a tener este en poco aprecio, y que cada versión posterior de la maniobra - el reino de los cielos, la cosa en sí, la ley moral - es la misma jugada con ropa nueva. Platón respondería que un mundo sin un criterio por encima de él no puede criticarse en absoluto, solo describirse.

Contenido

¿Qué significa en realidad "Dios ha muerto"?

No que una divinidad haya expirado, y no una fanfarronada. En La gaya ciencia lo dice un loco que irrumpe en una plaza de mercado llena de incrédulos y descubre que no entienden lo que ha ocurrido. La afirmación es histórica: la creencia en el Dios cristiano ha dejado de ser verosímil para los europeos instruidos, esa creencia era el fundamento de la moral europea, y nadie ha notado que el fundamento ha desaparecido. Su palabra para lo que sigue es nihilismo, una catástrofe que hay que sobrevivir, no una liberación que celebrar.

¿Fue Nietzsche nazi o antisemita?

No, y la evidencia es inusualmente clara. Rompió con Wagner en parte por el antisemitismo, rompió con su hermana por el matrimonio de esta con el activista antisemita Bernhard Förster, y escribió con desprecio sobre el nacionalismo alemán y los "chillones antisemitas" tanto en sus libros publicados como en sus cartas. La asociación se fabricó después de su colapso, obra de Elisabeth Förster-Nietzsche, que controlaba el archivo, compuso La voluntad de poder a partir de notas descartadas, y cultivó al partido nazi durante décadas.

¿Qué es la voluntad de poder?

Su respuesta propuesta a qué hacen fundamentalmente los seres vivos: no sobrevivir, ni buscar el placer, sino extender y descargar su fuerza. La ofrece como hipótesis y no como hecho metafísico, y funciona sobre todo como herramienta interpretativa - una manera de preguntar qué hace un valor, una institución o una filosofía por quien la sostiene.

¿Qué es el eterno retorno?

Un experimento mental antes que una cosmología. Un demonio anuncia que esta vida exacta se vivirá otra vez, infinitamente, sin nada nuevo en ella, hasta el último dolor y el último suspiro en el mismo orden. Que eso caiga como un peso aplastante o como lo más divino jamás oído es toda la prueba, y Nietzsche la usa para separar una vida que ha sido afirmada de una que simplemente se ha soportado.

¿Qué es el Übermensch?

Literalmente "superhombre" - alguien que crea valores en vez de heredarlos, tras el colapso del antiguo fundamento. Nietzsche es deliberadamente vago sobre el contenido, y el concepto aparece sobre todo en Zaratustra y luego prácticamente desaparece de los libros posteriores. La figura racial y musculosa del siglo veinte no está en el texto.

¿Escribió Nietzsche La voluntad de poder?

No. Planeó un libro con ese título desde 1885 y abandonó el plan a finales del verano de 1888, sustituyéndolo por un proyecto distinto. El libro publicado en 1901 y ampliado en 1906 fue compilado a partir de sus cuadernos por su hermana y Peter Gast. Montinari contó los daños: de los 374 fragmentos que el propio Nietzsche había numerado para el proyecto, 104 quedaron fuera, 137 del resto se imprimieron incompletos o alterados, y su propia división en cuatro libros se pasó por alto al menos sesenta y cuatro veces.

¿Colapsó Nietzsche de verdad abrazado a un caballo en Turín?

El colapso es real y está fechado el 3 de enero de 1889. El caballo descansa sobre una sola fuente: una entrevista concedida en 1900, once años después, por su casero en Turín, Davide Fino, que no lo presenció y repetía lo que le habían contado dos guardias municipales. En ese relato no hay cochero ni paliza. El cochero con el látigo entró en la historia después, al recontarla.

¿Dijo Nietzsche que "no hay hechos, solo interpretaciones"?

Escribió algo cercano a eso, pero no en un libro. La frase procede de una entrada de cuaderno de finales de 1886, publicada solo después de su muerte, y apunta al positivismo, no a la verdad en general. Su posición publicada, expuesta en la Genealogía, es lo contrario del relativismo: la objetividad es la disciplina de hacer que muchas perspectivas incidan sobre una misma cosa, en vez de fingir estar fuera de todas ellas.

¿Qué dijo Nietzsche sobre las mujeres y el látigo?

La frase "no olvides el látigo" cierra el capítulo "De las viejas y las jóvenes" en Así habló Zaratustra, y no es Zaratustra quien la dice. Es una viejecita, que le entrega una verdad a cambio de su discurso sobre las mujeres, discurso que ella acaba de decirle que está equivocado en casi todos sus detalles. Los comentarios publicados sobre las mujeres en otros lugares son genuinamente desdeñosos, y este marco no los anula.

¿Por dónde debería empezar alguien con Nietzsche?

No con Zaratustra, que es el más famoso y el más difícil de leer en frío. La genealogía de la moral es el libro disciplinado y la mejor puerta de entrada: tres ensayos, un argumento que se puede seguir, y todo aquello sobre lo que descansa la reputación posterior. El crepúsculo de los ídolos funciona como una breve muestra de la voz tardía. Más allá del bien y del mal viene después, y Zaratustra cuando ya haya una razón para quererlo.

Fuentes y lecturas

  • Nietzsche, FriedrichThe Joyful Wisdom (The Gay Science)1882Las citas aquí proceden de la traducción de dominio público de Thomas Common (1910), cotejada con el texto. La edición de Cambridge, trad. Josefine Nauckhoff, ed. Bernard Williams (2001), es el estándar moderno.
  • Nietzsche, FriedrichThus Spake Zarathustra1883–1885Citas de la traducción de dominio público de Thomas Common (1909), que traduce Übermensch como "Superman". El "overman" de Kaufmann es la palabra mejor y la elección moderna estándar.
  • Nietzsche, FriedrichBeyond Good and Evil1886Citas de la traducción de dominio público de Helen Zimmern (1907). La transcripción de Project Gutenberg convierte las cursivas de la edición impresa en versalitas; aquí el énfasis se compone en letra normal.
  • Nietzsche, FriedrichOn the Genealogy of Morals1887Citas de la traducción de dominio público de Horace B. Samuel (1913). La edición de Cambridge, trad. Carol Diethe, ed. Keith Ansell-Pearson (2006), es el estándar moderno.
  • Nietzsche, FriedrichTwilight of the Idols · Ecce Homo1888Citas de las traducciones de dominio público de Anthony M. Ludovici (1911). Ludovici titula los aforismos iniciales "Maxims and Missiles"; otros traductores usan "Maxims and Arrows".
  • Nietzsche, FriedrichThe Antichrist1888Citas de la traducción de dominio público de H. L. Mencken (1918).
  • Nietzsche, FriedrichThe Dawn of Day (Daybreak)1881Citas de la traducción de dominio público de J. M. Kennedy (1911). El §205, "El pueblo de Israel", es el pasaje que Nietzsche le dijo a Theodor Fritsch que fuera a leer.
  • Nietzsche, FriedrichBriefwechsel: Kritische GesamtausgabeLas cartas a Theodor Fritsch del 23 y el 29 de marzo de 1887, el borrador a Elisabeth Förster-Nietzsche de finales de diciembre de 1887, y las notas de Turín de principios de enero de 1889. Las traducciones de este artículo están hechas del alemán.
  • Montinari, Mazzino"Nietzsche’s Unpublished Writings from 1885 to 1888; or, Textual Criticism and the Will to Power", in Reading Nietzsche2003Trad. Greg Whitlock. El relato forense de cómo se hizo la compilación, y la fuente de las cifras dadas aquí.
  • Colli, Giorgio and Montinari, MazzinoFriedrich Nietzsche: Werke, Kritische Gesamtausgabe1967 en adelanteLa edición crítica que sustituyó a los textos del archivo. La edición de bolsillo Kritische Studienausgabe, en quince volúmenes, es la versión de trabajo.
  • Schlechta, KarlFriedrich Nietzsche: Werke in drei Bänden, vol. 31956El epílogo filológico, cuyas páginas 1408-1423 exponen las cartas manipuladas por Elisabeth Förster-Nietzsche.
  • Kaufmann, WalterNietzsche: Philosopher, Psychologist, Antichrist1950El libro que separó a Nietzsche de la lectura nazi en el mundo anglófono. Hoy se le critica por domesticarlo en exceso, lo cual es señal de que funcionó.
  • Young, JulianFriedrich Nietzsche: A Philosophical Biography2010La biografía moderna más completa, y cuidadosa con la relación entre la enfermedad y la obra.
  • Clark, MaudemarieNietzsche on Truth and Philosophy1990
  • Leiter, BrianNietzsche on Morality2002
  • Diethe, CarolNietzsche’s Sister and the Will to Power2003Sobre Elisabeth Förster-Nietzsche y la fabricación del legado.
  • Holub, Robert C.Nietzsche’s Jewish Problem: Between Anti-Semitism and Anti-Judaism2015El libro menos cómodo sobre el tema, y la razón por la que la respuesta aquí se da con fechas y no con consignas.
  • Whyte, Max"The Uses and Abuses of Nietzsche in the Third Reich: Alfred Baeumler’s Heroic Realism"2008Journal of Contemporary History 43(2). Sobre cómo se construyó la lectura nazi oficial.
  • Townsend, Chris"Nietzsche’s Horse"2017Rastrea el caballo de Turín hasta su única fuente y la reproduce. El mejor relato breve de cómo se fabricó la historia.
  • Sax, Leonard"What was the cause of Nietzsche’s dementia?"2003Journal of Medical Biography 11(1). Defiende un tumor de crecimiento lento en el lado derecho.
  • Orth, Michael and Trimble, Michael R."Friedrich Nietzsche’s mental illness: general paralysis of the insane vs. frontotemporal dementia"2006Acta Psychiatrica Scandinavica 114(6).
  • Hemelsoet, D., Hemelsoet, K. and Devreese, D."The neurological illness of Friedrich Nietzsche"2008Acta Neurologica Belgica 108(1). El artículo que introdujo el CADASIL en el debate.
  • Huang, Jing"Did Nietzsche want his notes burned? Some reflections on the Nachlass problem"2019British Journal for the History of Philosophy 27(6). Desinfla la historia de la quema sin rescatar la compilación.
  • Safranski, RüdigerNietzsche: A Philosophical Biography2002

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