La obra más leída de la filosofía estoica que existe no fue escrita para ser leída.
No hay dedicatoria, ni argumento desarrollado a través de capítulos, ni audiencia a la que se dirija. Hay doce libros de notas, repetitivas, a veces contradictorias, ocasionalmente malhumoradas, escritas en griego por un hombre que hablaba latín en el trabajo, en su mayoría en tiendas de campaña en la frontera del Danubio, durante una guerra que no disfrutaba. El título inglés Meditations pertenece a un traductor de 1634. El encabezamiento del manuscrito más antiguo es Ta eis heauton - a sí mismo.
Ese es el primer hecho sobre el libro y gobierna todo lo demás. Estamos leyendo los intentos privados de un hombre por mantenerse entero, y lo hacemos en contra de su intención.
Qué son en realidad las Meditaciones de Marco Aurelio
No es un tratado, ni unas memorias, ni una carta, ni una obra de ningún género antiguo reconocido. La descripción más cercana es un cuaderno de lugares comunes llevado como disciplina: entradas de una línea o de veinte, numeradas por editores posteriores, sin ningún orden que nadie haya reconstruido de forma convincente.
De ahí se siguen varios rasgos, y cada uno de ellos cambia cómo deben tomarse las frases.
Nadie debía verlo. No hay dedicatoria ni destinatario. Nada en el texto anticipa una objeción ni explica un término, que es lo que hace un escritor por un lector. No hay pruebas de que circulara en vida de Marco, de que su casa lo conociera, o de que Cómodo heredara una copia.
Está escrito en griego. Marco gobernaba y legislaba en latín, y su correspondencia con Frontón es abrumadoramente en latín, con un puñado de cartas en griego por las que Frontón lo reprendía. La filosofía en el siglo II se practicaba en griego, y él escribió su filosofía en la lengua de la disciplina, no en la lengua del cargo. La elección es en sí misma una prueba de lo que creía estar haciendo.
La gramática está en segunda persona, dirigida a sí mismo. La frase característica es una orden, y quien la recibe es quien escribe. No hables ya más acerca de qué clase de hombre debe ser un hombre bueno, sino sé tal es X.16, y tiene el tono de todo el libro: alguien que se ha quedado sin paciencia con su propio comentario.
La repetición es el método, no un defecto. Quizá una docena de ideas se repiten a lo largo de los doce libros, decenas de veces cada una. Un tratado enuncia una proposición una sola vez. Una práctica vuelve a ella porque quien la practica no deja de perderla.
La división en doce libros puede no ser suya. La primera fuente que describe la obra como doce libros es la Suda, el léxico bizantino de finales del siglo X. Cuál era la disposición antes de eso se desconoce.
El Libro Uno es distinto de los otros once. Es una única lista continua de deudas con personas nombradas, en un registro que no aparece en ningún otro lugar, y suele discutirse aparte del resto.
Frente a la intimidad que todo eso sugiere, Mary Beard ha planteado la cautela necesaria. Al reseñar la biografía de Frank McLynn en 2009, señaló que no tenemos ninguna información externa sobre el origen o el propósito de la obra, que buena parte de su material recurre a un repertorio estándar de la filosofía escolar, y que los lectores que encuentran en ella un interior confesional puede que lo estén importando. El libro es íntimo en su forma. Si es íntimo en su contenido es una cuestión distinta, y no está resuelta.
La formación de un emperador
Nació como Marco Annio Vero el 26 de abril del año 121 d. C., en una familia senatorial acaudalada de origen hispano, bien relacionada en Roma. Su padre murió cuando él tenía unos tres años. Lo criaron sobre todo su abuelo y su madre, Domicia Lucila, y merece la pena registrar que todo el primer libro de las Meditaciones es una lista de personas y de lo que aprendió de cada una - un inventario de deudas, escrito por un hombre que tenía poder absoluto y que evidentemente no creía haberse hecho a sí mismo.
El emperador Adriano se fijó en él pronto y lo llamó Verissimus, el más veraz - un juego de palabras con el nombre de familia. Cuando murió el sucesor que Adriano había elegido, organizó la sucesión en cadena: adoptó a Antonino Pío, con la condición de que Antonino adoptara tanto a Marco, entonces de dieciséis años, como a Lucio Vero.
Así que Marco supo desde los dieciséis años que sería emperador. Después esperó veintitrés años, lo cual es un aprendizaje inusual y probablemente explica mucho.
La Historia Augusta relata que se entregó a la filosofía joven y de forma teatral: a los doce años adoptó el tosco manto griego, estudiaba en el suelo y dormía allí hasta que su madre negoció que pasara a un lecho con pieles. La lista de maestros es larga y en su mayoría estoica, e incluye a Apolonio de Calcedonia, Sexto de Queronea y Junio Rústico.
La educación en retórica fue intensa. Frontón, el orador principal de la época, lo instruyó durante años, y sus cartas sobreviven.
Después, hacia sus veinticinco años, se encontró con la filosofía propiamente dicha, y Frontón lo perdió. Junio Rústico le dio las Disertaciones de Epicteto, un antiguo esclavo que había construido la versión más dura y menos consoladora del estoicismo disponible. Marco registra la deuda en una sola frase en I.7: Le debo el haber conocido las disertaciones de Epicteto, que él me comunicó de su propia colección. Da las gracias a Rústico en la misma entrada, y de forma más reveladora, por mostrarle que necesitaba corregirse en absoluto.
La otra presencia formativa fue Antonino Pío, cuyo retrato llena la entrada más larga del Libro Uno y vuelve en VI.30 como instrucción permanente: Haz todo como discípulo de Antonino. Lo que sigue es una lista de hábitos de un gobernante en ejercicio, más que de virtudes. Lo examinaba todo con cuidado antes de dejarlo pasar. No hacía nada con prisa. Soportaba una culpa injusta sin devolverla. Se conformaba con muy poco en materia de alojamiento y comida. Veintitrés años observando a ese hombre hacer el trabajo es lo más parecido a una educación política que tuvo Marco, y las Meditaciones no dejan de medirlo con esa vara.
Lo que muestran las cartas a Frontón que las Meditaciones no muestran
La correspondencia con Marco Cornelio Frontón es la segunda fuente primaria de esta vida, y produce a una persona que el cuaderno no produce.
Estuvo a punto de no sobrevivir en absoluto. En 1815, Angelo Mai, trabajando en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, advirtió que un manuscrito de las actas del Concilio de Calcedonia había sido escrito sobre un pergamino reutilizado, y que la capa inferior raspada era Frontón. Más folios aparecieron en el Vaticano en los años siguientes. Lo que emergió, de un libro que había sido raspado y reescrito, fueron unas doscientas cartas entre un tutor de retórica y el heredero del imperio, a lo largo de casi treinta años. C. R. Haines las editó y tradujo para la Loeb Classical Library en 1919 y 1920, en el texto que aquí se cita.
Son, en su mayoría, sobre nada. Ese es su valor.
Una carta, escrita hacia sus veinte años, relata un día entero. Durmió hasta tarde por un resfriado. Leyó la Agricultura de Catón de cinco a nueve, después se trató la garganta, y tiene el cuidado de explicar que no hizo gárgaras, aunque la palabra sí aparece en Novio. Asistió a su padre en un sacrificio. En el almuerzo comió un mendrugo de pan mientras los demás se abrían paso entre habas, cebollas y arenques con hueva.
Después trabajamos duro en la vendimia, sudamos bien y estuvimos alegres Marco a Frontón, Ad M. Caesarem IV.6, trad. de C. R. Haines
Después volvió a casa, habló con su madre mientras ella estaba sentada en la cama, y los dos discutieron sobre cuál de ellos quería más a su amigo ausente. Tras la cena en la sala del lagar, escuchó a los trabajadores de la finca burlarse unos de otros, y lo disfrutó. Luego escribió la carta, y se despidió: Adiós, mi Frontón, dondequiera que estés, dulcísimo como la miel, mi amor, mi delicia. ¿Cómo estamos tú y yo? Te quiero y estás lejos.
Otra carta relata una cacería en la que no se vio ningún jabalí, solo se oyó hablar de él, y se subió una colina. En otra, Marco cabalga hacia un rebaño de ovejas, el pastor blande el cayado contra él y golpea a su escudero en su lugar, y cuenta la historia con placer evidente.
Ese es el registro constante: afectuoso, autoirónico, físicamente detallado y del todo ajeno a la filosofía. El hombre que más tarde se recordará a sí mismo en IV.19 que la fama póstuma es un ruido hecho por gente que pronto estará muerta, aquí pregunta si su capataz ya ha empezado la vendimia, y se queja de que las uvas de Signia son demasiado amargas.
Entonces una carta da un giro. Leyendo a Aristón, el estoico de Quíos, escribe que los libros lo tratan bien y a la vez lo hacen sentirse mal, porque le muestran cuánto se queda corto frente a ellos.
a mis veinticinco años, mi alma aún no ha bebido ni un trago de doctrinas nobles y principios más puros. Por eso hago penitencia, me enojo conmigo mismo, estoy triste, me comparo con otros, me privo de alimento. Marco a Frontón, Ad M. Caesarem IV.13, trad. de C. R. Haines
Esa frase es la bisagra entre los dos archivos. Todo lo anterior pertenece a las cartas; todo lo posterior pertenece al cuaderno.
Hay que decir dos cosas sobre cómo se leen hoy las cartas. La primera es que el lenguaje amoroso en ellas es extravagante incluso para los criterios romanos, y la traducción de Amy Richlin de 2006, Marcus Aurelius in Love, sostiene que la correspondencia registra una relación erótica y no una convención retórica. El contraargumento, defendido por Christian Laes entre otros, es que la amistad epistolar latina hablaba así de manera habitual y que nada en las cartas establece una relación sexual. La disputa sigue abierta, y las cartas carecen de fecha o están mal fechadas con la frecuencia suficiente para que ninguna cronología pueda zanjarla.
La segunda es lo que el Libro Uno hace con Frontón. Tras treinta años de esta correspondencia, la entrada dice, íntegra: De Frontón aprendí a observar qué son la envidia, la duplicidad y la hipocresía en un tirano, y que en general, entre nosotros, los llamados patricios son bastante deficientes en afecto paternal. Una sola línea, y es sobre la tiranía. Rústico, que le puso un libro en las manos, recibe un párrafo.
El Libro Uno de las Meditaciones, y las deudas que enumera
Diecisiete entradas, cada una comienza con un nombre y una preposición. De mi abuelo Vero, buenas costumbres y control del temperamento. De la reputación de mi padre, a quien apenas conoció, modestia y un carácter viril. De mi madre, piedad, vida sencilla, y abstinencia de cualquier cosa que se pareciera a las costumbres de los ricos.
Después los maestros, en orden, con lo específico que se le atribuye a cada uno: a Diogneto, no creer en los taumaturgos; a Rústico, la conciencia de que su carácter necesitaba trabajo en absoluto; a Apolonio, la firmeza bajo el dolor y tras la pérdida de un hijo; a Sexto, un hogar gobernado como una familia y la idea de vivir de acuerdo con la naturaleza; a Alejandro el gramático, no corregir el habla de la gente en público sino deslizar la palabra correcta en la respuesta.
Nada en la lista es una virtud en abstracto. Cada elemento es un comportamiento observado en una persona concreta y copiado.
La última y más larga entrada antes de los dioses es Antonino Pío, y la última de todas, I.17, se dirige hacia arriba. Da las gracias a los dioses por buenos abuelos, buenos padres, buenos maestros, y por un conjunto de cosas que no hizo: que no se criara más tiempo con la concubina de su abuelo, que no echara a perder su juventud, que las circunstancias nunca acabaran de ofrecerle la ocasión de ofender. Les da las gracias por su hermano, por hijos que no eran estúpidos ni estaban deformados, y por una esposa tan obediente, y tan cariñosa, y tan sencilla. También les da las gracias por remedios que se le mostraron en sueños, lo cual recuerda que el hombre más racional del imperio tomaba parte de su consejo médico del sueño.
Lo que el libro entero equivale a es una contabilidad más que unas memorias. El emperador de Roma abre su cuaderno privado escribiendo que no se hizo a sí mismo, y después enumera a las personas que sí lo hicieron, punto por punto, con los recibos. Es el documento menos hecho a sí mismo que jamás haya producido un hombre con tanto poder, y explica buena parte de lo que sigue.
Diecinueve años
Antonino Pío murió en 161. Marco, con treinta y nueve años, hizo de inmediato algo que ningún emperador había hecho: insistió en que el Senado confirmara a Lucio Vero como coemperador junto a él, dividiendo el poder supremo de forma voluntaria.
Lo que siguió fue, casi por cualquier medida, una racha de mala suerte espantosa.
Guerra en el este. Partia invadió Armenia casi de inmediato. Vero salió hacia Antioquía como comandante nominal mientras los combates los libraban profesionales, entre ellos Estacio Prisco y un general sirio llamado Avidio Casio, que saqueó Seleucia y Ctesifonte en 165. La campaña se ganó hacia 166, y el ejército que regresaba trajo consigo algo peor de lo que había derrotado.
La peste antonina. Probablemente viruela. Llegó en 165-166 y reapareció durante una generación. Las estimaciones modernas de mortalidad varían ampliamente, pero el extremo inferior ronda los dos millones de muertos y las estimaciones más altas la sitúan en una décima parte de la población del imperio. Vació el ejército, alteró el suministro de grano y la base tributaria, y muy probablemente mató a Lucio Vero en 169, aunque la Historia Augusta lo llama apoplejía.
Las guerras del norte. Los marcomanos, los cuados y los yazigos cruzaron el Danubio en fuerza a partir de 166, y hacia 170 habían penetrado hasta Aquilea, en el norte de Italia, la primera invasión de Italia en 270 años. Marco, que nunca había querido ser soldado, pasó esencialmente el resto de su vida en esa frontera. Fundió la vajilla imperial y subastó tesoros de palacio en el Foro de Trajano en vez de subir los impuestos a una población asolada por la peste. Reclutó gladiadores, y según se dice bandidos, para las legiones.
Revuelta. En 175, a Avidio Casio, su general más veterano en el este, le dijeron que Marco estaba muriendo, y se hizo proclamar emperador. Casio fue asesinado por sus propios oficiales en menos de tres meses. La respuesta de Marco es lo más atractivo del registro histórico: se cuidó de no celebrarlo, dijo públicamente que su único pesar era haber perdido la oportunidad de perdonar al hombre, se negó a ejecutar a la familia, y quemó la correspondencia sin leerla para no saber quién más había estado implicado. Casio Dion conserva lo que escribió al Senado, pidiendo que no se diera muerte a ninguno de los conspiradores: Que nunca ocurra que alguno de vosotros sea ejecutado durante mi reinado, ni por mi voto ni por el vuestro. Los hijos de Casio conservaron más de la mitad del patrimonio de su padre y se les permitió vivir donde quisieran.
Duelo. Faustina, su esposa durante treinta años, murió en el invierno de 175 en una aldea de Capadocia mientras viajaba con él hacia el este después de la revuelta. Hizo que el lugar pasara a llevar su nombre.
Murió el 17 de marzo de 180, en Vindobona o Sirmium, a los cincuenta y ocho años, probablemente de la peste, en el campamento, en el decimonoveno año de una emergencia casi ininterrumpida.
La peste antonina, y lo que le hizo al reinado de Marco Aurelio
La enfermedad llegó con el ejército que regresaba de Mesopotamia en 165 o 166 y nunca desapareció del todo. Galeno, el mejor médico de la época y brevemente el del emperador, la vio en Roma y de nuevo entre las tropas que invernaban en Aquilea en 168 y 169, y dejó la única descripción clínica: fiebre, diarrea, inflamación de la garganta, y una erupción en la piel que aparecía hacia el noveno día, a veces seca y a veces pustulosa. Ese patrón es la razón por la que la mayoría de los historiadores la han llamado viruela. Se ha propuesto el sarampión. No existe confirmación genética, y la identificación sigue siendo una inferencia a partir de las notas de un solo médico.
La mortalidad es genuinamente desconocida, y el rango que aparece en la bibliografía es la respuesta honesta y no un fallo de la erudición. R. J. y M. L. Littman, en 1973, estimaron una mortalidad de entre el siete y el diez por ciento a lo largo de todo el episodio, más alta en las ciudades y en el ejército, y un total de entre siete y diez millones de muertes en exceso a lo largo de sus veintitrés años. The Fate of Rome, de Kyle Harper, la trata como un choque demográfico lo bastante grave como para marcar un giro en la historia romana. Una corriente revisionista sostiene que las pruebas, que son papiros, inscripciones, tesoros de monedas y registros de construcción y no ningún registro de defunciones, no pueden sostener conclusiones tan grandes. Casio Dion, al describir una recurrencia posterior en 189, dice que en Roma morían dos mil personas al día en el peor momento, y esa cifra al menos viene de un senador que estuvo allí.
Lo que la peste le hizo al reinado es más fácil de precisar que lo que le hizo a la población.
Vació las legiones justo cuando cedía la frontera del Danubio. La Historia Augusta enumera las improvisaciones: esclavos alistados y llamados Voluntarios, siguiendo el precedente de la emergencia posterior a Cannas; gladiadores armados y llamados los Dóciles; los bandidos de Dalmacia y Dardania convertidos en soldados; germanos contratados como auxiliares para luchar contra germanos; dos legiones nuevas levantadas.
Vació el tesoro, y Marco rechazó el remedio evidente. En vez de imponer un tributo extraordinario a las provincias, vendió el contenido del palacio.
celebró una venta pública en el Foro del divino Trajano del mobiliario imperial, y vendió copas de oro, de cristal y de mirra, incluso frascos hechos para reyes, las túnicas de seda bordadas en oro de su esposa, y, en efecto, hasta ciertas joyas que había encontrado en buen número en un gabinete particularmente sagrado de Adriano Historia Augusta, Marcus Antoninus 17.4, trad. de David Magie
La venta duró dos meses. Casio Dion añade la continuación: cuando la guerra se había ganado y el dinero se había recuperado muchas veces, Marco anunció que cualquier comprador que quisiera devolver un objeto podía recuperar su precio. Algunos lo hicieron. La mayoría declinó, y él no obligó a nadie.
Mató a su coemperador en 169, y muy probablemente lo mató a él en 180.
Y está en el libro, una vez, transpuesta. En IX.2, escrito mientras el imperio se vaciaba, se dice a sí mismo que la destrucción del entendimiento es una peste, y mucho más, en verdad, que cualquier corrupción y cambio de esta atmósfera que nos rodea. Pues esta corrupción es una peste de los animales en cuanto animales; pero la otra es una peste de los hombres en cuanto hombres. Un hombre rodeado por una epidemia, usándola como figura de la decadencia moral. Es, o bien la frase más disciplinada del libro, o bien la más aislada, y las Meditaciones no dan manera de decidir cuál de las dos.
Las guerras marcomanas, y dónde escribió Marco Aurelio las Meditaciones
La guerra del norte es el escenario de casi todo el cuaderno, y merece la pena conocerla a grandes rasgos, porque las Meditaciones se escribieron dentro de ella y no dicen casi nada sobre ella.
La presión sobre el Danubio empezó a acumularse a principios de la década de 160 y estalló en 166 y 167, cuando los longobardos y sus aliados cruzaron hacia Panonia. Una tregua se mantuvo brevemente. En 168, Marco y Vero fueron al norte, a Aquilea, reorganizaron las defensas de Italia e Ilírico, y levantaron dos legiones nuevas. Vero murió de camino de vuelta en enero de 169.
En 170 la guerra se convirtió en una catástrofe. Una coalición bajo el rey marcomano Balomaro destruyó una fuerza romana de unos veinte mil hombres cerca de Carnuntum, cruzó los Alpes, arrasó Opitergium en el norte de Italia y asedió Aquilea. Ningún ejército hostil había entrado en Italia desde los cimbrios en el año 101 a. C. En el mismo periodo, los costobocos bajaron a través de Tracia hacia Grecia y destruyeron el santuario de Eleusis, uno de los santuarios más antiguos y más protegidos del mundo griego.
La recuperación tardó cinco años. Tiberio Claudio Pompeyano, yerno de Marco, tuvo el mando con el futuro emperador Pertinax a sus órdenes. Aquilea fue liberada, los invasores fueron rechazados al otro lado del Danubio a finales de 171, y en 172 los romanos cruzaron a territorio marcomano. Marco tomó el título de Germánico.
En algún momento de 172 o 173 ocurrió el incidente que después todos reivindicaron. Una fuerza romana, aislada y muriendo de sed, se salvó gracias a una tormenta repentina que les dio de beber y golpeó a sus enemigos con rayos. Casio Dion se lo atribuye a un mago egipcio llamado Arnufis y a una plegaria a Hermes del aire. Los escritores cristianos, desde Tertuliano en adelante, se lo atribuyeron a las plegarias de los soldados cristianos de la Legión XII, y Eusebio le dedica un capítulo. La lluvia está tallada en la Columna de Marco Aurelio como un dios barbudo con el agua brotando de sus brazos extendidos. Tres religiones reclamaron el mismo clima.
En 175 los yazigos se rindieron. Su rey Zántico devolvió cien mil prisioneros romanos, un indicio de lo que había costado la década anterior, y aportó ocho mil jinetes, de los cuales cinco mil quinientos fueron enviados a Britania. Casio Dion dice que Marco pretendía anexionarse dos provincias nuevas, Marcomania y Sarmacia, y que la revuelta de Avidio Casio interrumpió el plan. La guerra se reanudó en 177 y seguía en curso cuando murió. Cómodo hizo la paz en pocos meses y las provincias nunca se crearon.
Dos de los doce libros llevan una nota de lugar. Una registra que fue escrito entre los cuados, junto al río Granua, en lo que hoy es el centro de Eslovaquia; la otra, en Carnuntum, en Panonia, unos cuarenta y ocho kilómetros al este de la Viena actual, donde Orosio y Eutropio dicen que Marco pasó tres años. Las ediciones difieren sobre si estas notas cierran los libros Uno y Dos o encabezan los libros Dos y Tres, y la ambigüedad es antigua.
Lo notable es el silencio. Doce libros escritos en el frente a lo largo de una década de campaña continua no contienen ninguna estrategia, ninguna batalla, ningún bárbaro nombrado, ningún despacho, ninguna queja sobre el suministro. El único lugar donde la guerra entra directamente en el texto es en X.10, y entra como una acusación:
Una araña se enorgullece cuando ha atrapado una mosca, y otro cuando ha atrapado una pobre liebre, y otro cuando ha cogido un pececillo en la red, y otro cuando ha cazado jabalíes, y otro cuando ha cazado osos, y otro cuando ha cazado sármatas. ¿No son estos bandidos, si examinas sus opiniones? Meditaciones X.10, trad. de George Long
Él había cazado sármatas. Estaba, según los propios términos de la frase, en la lista.
Lo que sostiene el estoicismo, y lo que Marco Aurelio tomó de Epicteto
El estoicismo se fundó en Atenas hacia el año 300 a. C. por Zenón de Citio, que enseñaba en un pórtico pintado, la stoa poikile, que dio nombre a la escuela. En tiempos de Marco tenía cuatro siglos y medio de antigüedad, contaba con un vocabulario técnico, y se dividía en tres partes: lógica, física y ética. Las tres no eran módulos opcionales. La ética depende de la física, y perder esa conexión es lo principal que le ocurre al estoicismo en su uso moderno.
El sistema descansa sobre un pequeño número de afirmaciones.
El cosmos es un único ser vivo racional. Todo es materia, pero la materia está organizada e impregnada por un principio activo, el pneuma, al que los estoicos también llaman logos, razón, naturaleza, Zeus y destino, tratándolos como nombres de la misma cosa. Los sucesos no son accidentes dentro de este todo; son el todo, desplegándose.
La virtud es el único bien. No el bien más alto entre otros: el único. La salud, la riqueza, la reputación y la duración de la vida son indiferentes. Algunos son preferibles y otros no, y un estoico tomará razonablemente los preferibles cuando estén disponibles, pero ninguno de ellos hace buena una vida, y su pérdida no le resta nada.
Las emociones son juicios. La angustia no es un suceso que le ocurre a una persona; es un asentimiento dado a una proposición, normalmente la proposición de que ha ocurrido algo malo. Como es un juicio, puede examinarse, y puede negarse.
El ser humano es un animal social, así que vivir de acuerdo con la naturaleza significa justicia. Esta mitad se deja fuera con frecuencia, y es la mitad que Marco más repite. Lo que no es bueno para el enjambre, tampoco es bueno para la abeja, escribe en VI.54. Los seres racionales existen los unos para los otros, razón por la cual sus ejercicios siempre terminan devolviéndolo a una sala llena de gente.
La transmisión hasta Marco pasa por un solo hombre. Epicteto nació esclavo hacia el año 50 d. C. en Hierápolis de Frigia, fue propiedad de un liberto de Nerón, quedó cojo, fue liberado, y enseñó en Nicópolis de Epiro después de que Domiciano expulsara a los filósofos de Italia. No escribió nada; su discípulo Arriano tomó nota de las Disertaciones, y las condensó en el Manual. Marco nunca lo conoció. Leyó los apuntes, prestados por Rústico, unos cuarenta años después de que Arriano los tomara.
El Manual se abre con el movimiento que organiza todo lo que Marco escribe después:
De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no. De nosotros dependen la opinión, el impulso hacia algo, el deseo, la aversión; en una palabra, todo lo que son actos nuestros: no dependen de nosotros el cuerpo, la propiedad, la reputación, los cargos, en una palabra, todo lo que no son actos nuestros. Y las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, no sujetas a restricción ni impedimento: pero las cosas que no dependen de nosotros son débiles, serviles, sujetas a restricción, en poder de otros. Epicteto, Manual I, trad. de George Long
La segunda lista es la que hay que sopesar. La propiedad, la reputación y el cargo son precisamente las tres cosas de las que Marco tenía más que ningún otro ser humano vivo, y la afirmación que adoptó a los veinticinco años es que ninguna de ellas era suya.
La reconstrucción de Hadot organiza las Meditaciones en torno a tres disciplinas tomadas de Epicteto, que corresponden a las tres partes del sistema: la disciplina del asentimiento, que gobierna el juicio; la disciplina del deseo, que gobierna lo que se quiere y se teme; y la disciplina de la acción, que gobierna la conducta hacia los demás. Casi todas las entradas del libro caen en una de las tres, y leerlo con esa rejilla es la diferencia entre encontrarlo repetitivo y encontrarlo metódico.
Lo que Marco no hace es argumentar. Nunca defiende la física; la da por sentada, y donde no puede, ofrece en cambio una disyunción. O bien hay providencia, o bien átomos, escribe en IV.3, y repite la alternativa media docena de veces a lo largo del libro. Suele leerse como apertura de mente. Se lee igual de bien como un hombre que comprueba, otra vez, si el consuelo sobrevive a la peor de las dos opciones.
Lo que hace el libro
The Inner Citadel, de Pierre Hadot, cambió cómo se leen las Meditaciones, y el cambio es sencillo. Esto no son notas hacia una filosofía. Son ejercicios, la forma escrita de una práctica, repetida porque la práctica es repetición.
Una vez que se entiende esto, los rasgos que parecen defectos se convierten en el método. El mismo puñado de ideas se repite decenas de veces porque él no deja de perderlas. El tono es imperativo porque se está instruyendo a sí mismo. No hay argumento porque no está persuadiendo a nadie; ya está de acuerdo y no consigue actuar en consecuencia.
El sistema estoico del que se sirve tiene cuatro partes que estructuran casi todas las entradas.
La dicotomía de control. De Epicteto, y el muro de carga de todo el edificio: algunas cosas dependen de nosotros - el juicio, el impulso, el deseo, la aversión, en una palabra, nuestras propias elecciones - y otras no - el cuerpo, la reputación, el cargo, todo lo demás. La angustia viene de tratar la segunda categoría como si fuera la primera. Marco aplica esto mientras ejerce más poder externo del que casi ningún ser humano ha ejercido, lo que le da una fuerza peculiar: es el hombre mejor situado para poner a prueba la afirmación de que el poder externo no es donde reside el bien. La formulación más clara del mecanismo es VIII.47: Si te aflige alguna cosa externa, no es esa cosa la que te perturba, sino tu propio juicio sobre ella. Y está en tu poder eliminar ese juicio ahora mismo.
Vivir de acuerdo con la naturaleza. El universo es un todo racional y ordenado - el logos - y un ser humano vive bien actuando de acuerdo con su propia naturaleza, que es racional y social. Lo que no es bueno para el enjambre no es bueno para la abeja. Su frase más citada sobre el deber es un ejercicio de autopresión al amanecer. En la versión de Long de V.1 se dice a sí mismo, al despertar de mala gana, Me levanto para el trabajo de un ser humano, y después dedica el resto de la entrada a discutir con la parte de sí mismo que preferiría quedarse calentito, perdiendo la discusión, y poniendo en su contra a las plantas, los pájaros, las hormigas, las arañas y las abejas como trabajadores que no necesitan que los convenzan.
La vista desde arriba. Un ejercicio recurrente en el que se aleja hasta que Roma es un punto, el presente un instante, y su propia reputación un conjunto de ruidos hechos por gente que pronto estará muerta. Asia, Europa, son rincones del universo; todo el mar, una gota en el universo; el Atos, un pequeño terrón del universo: todo el tiempo presente es un punto en la eternidad (VI.36). En IX.30 hace lo mismo con las poblaciones: mirar desde arriba las incontables manadas de hombres, sus incontables ceremonias, sus travesías entre tormentas y calmas, los que nacen y los que mueren. Se hace esto a sí mismo constantemente, y no es desesperación; es una técnica para reducir un problema a sus proporciones reales.
Memento mori. La muerte está en todas partes del libro y se trata sin dramatismo. Podrías dejar la vida ahora mismo. Que eso determine lo que haces, dices y piensas, en la versión de Gregory Hays de II.11. Y, de forma característica, el recordatorio en VI.24 de que Alejandro de Macedonia y su mozo de cuadra fueron llevados por la muerte al mismo estado.
A esos cuatro debe añadirse un quinto hábito, el más extraño y el más útil. Toma un objeto de deseo o de temor y lo describe en sus componentes materiales hasta que el valor se le escapa. La carne asada es el cuerpo muerto de un animal. El buen vino es zumo de uva. El manto púrpura del emperador es lana de oveja teñida con la sangre de un molusco (VI.13). El ejercicio se llama descripción objetiva, y su objetivo no es el placer sino las palabras que lo exaltan, y detrás de ellas la apariencia externa que él llama una maravillosa pervertidora de la razón.
Después están los pasajes que son inconfundiblemente los de un hombre concreto en una semana concreta. La apertura del Libro Dos, escrita para sí mismo antes de una jornada de trabajo:
Comienza la mañana diciéndote a ti mismo: me encontraré con el entrometido, el desagradecido, el arrogante, el falso, el envidioso, el insociable. Todo esto les ocurre por su ignorancia de lo que es bueno y de lo que es malo. Pero yo, que he visto la naturaleza del bien, que es hermosa, y la del mal, que es fea, y la naturaleza de quien obra mal, que es afín a la mía; no [solo] de la misma sangre o simiente, sino que participa de [la misma] inteligencia y [la misma] porción de la divinidad, no puedo ser dañado por ninguno de ellos, pues nadie puede imponerme lo feo, ni puedo enfadarme con mi pariente, ni odiarlo. Pues estamos hechos para la cooperación, como los pies, como las manos, como los párpados, como las hileras de dientes superiores e inferiores. Meditaciones II.1, trad. de George Long
Ese es un hombre a punto de entrar en una sala llena de gente que le resulta agotadora, convenciéndose a sí mismo de no sentir desprecio. Es el mismo párrafo que cualquiera podría necesitar un lunes, escrito por el gobernante del mundo.
Las partes más difíciles
Tres cosas encajan mal con la reputación, y un relato completo tiene que sostenerlas.
Los cristianos de Lyon. En 177, durante su reinado, cristianos de Lugduno fueron torturados y ejecutados en el anfiteatro; el relato que sobrevive es uno de los documentos más desgarradores de la Iglesia primitiva. No hay pruebas de que Marco interviniera, y el relato conservado por Eusebio tiene al gobernador remitiendo los casos al emperador y recibiendo una respuesta que confirmaba las sentencias. Las Meditaciones mencionan a los cristianos una vez, en XI.3, y descartan su disposición a morir como mera obstinación, no la disposición meditada que un estoico respetaría. Si Marco llegó siquiera a escribir esa cláusula es una cuestión textual abierta, que se aborda más abajo. En cualquier caso, es la ilustración más nítida disponible de la distancia entre el hombre que escribía en la tienda y el cargo que administraba.
Las guerras. La columna erigida tras su muerte representa las campañas germánicas, y sus relieves son notablemente más brutales que los de Trajano, toda una generación antes: aldeas incendiadas, prisioneros ejecutados, mujeres arrastradas. Si fueron guerras defensivas o guerras de conquista es algo genuinamente disputado entre los historiadores - Casio Dion dice que pretendía anexionarse dos provincias nuevas. Lo que no está en disputa es que el filósofo del parentesco universal pasó una década librándolas.
Cómodo. Durante ochenta años - Nerva, Trajano, Adriano, Antonino, Marco - el imperio había pasado por adopción, cada emperador eligiendo al hombre más capaz disponible. Marco puso fin a eso. Hizo coemperador a su hijo en 177 y le dejó el imperio en 180, y Cómodo resultó ser vanidoso, errático, y acabó convencido de que era Hércules; fue estrangulado en su baño en 192, y la guerra civil que siguió acabó con la paz antonina.
La defensa es real: Marco tenía un hijo varón adulto y vivo, y en Roma pasar por alto a un hijo solía significar la muerte de ese hijo o una guerra civil en términos ajenos. Pero no hay manera de evitar el hecho de que el gobernante más reflexivo que produjo Roma tomó la única decisión que deshizo el sistema, y que su cuaderno - que lo examina todo lo demás - no la examina.
La persecución en Lyon en 177, y hasta qué punto la dirigió Marco Aurelio
El relato procede de una carta escrita por los cristianos supervivientes de Vienne y Lyon a las iglesias de Asia y Frigia, citada extensamente por Eusebio en el quinto libro de la Historia eclesiástica. Es un documento partidista, escrito por el bando perdedor mientras los hechos aún estaban frescos en la memoria de quienes vivían, y es también la única narración sustancial que existe de una persecución provincial romana.
La secuencia que describe es esta. A los cristianos primero se les vetó el acceso a los lugares públicos, después los atacaron las multitudes, después los arrestaron. Los esclavos domésticos, interrogados bajo tortura, produjeron las acusaciones habituales de festines caníbales e incesto. El gobernador examinó a los prisioneros, y los que confesaban quedaban retenidos. Algunos murieron en prisión. Potino, el obispo, con más de noventa años y apenas capaz de respirar, fue arrastrado ante el tribunal, golpeado por la multitud, y murió dos días después. Sanctus, un diácono de Vienne, y Maturo, un converso reciente, fueron torturados y después enviados al anfiteatro junto con Blandina, una esclava, y Átalo, un hombre de posición de Pérgamo. Blandina sobrevivió a las fieras, fue devuelta a prisión, y fue ejecutada la última, después del niño Póntico. Los cuerpos se dejaron a la intemperie durante seis días, después se quemaron, y las cenizas se arrojaron al Ródano para que no quedara nada que enterrar. Eusebio nombra a diez; un martirologio posterior da cuarenta y ocho.
El pasaje que importa para la cuestión de la responsabilidad imperial es breve y concreto. A Átalo, ciudadano romano, ya lo habían paseado por la arena con un cartel cuando el gobernador se enteró de su condición:
Pero cuando el gobernador supo que era romano, ordenó que lo devolvieran junto con el resto de los que estaban en prisión, sobre los cuales había escrito al César, y cuya respuesta esperaba. Eusebio, Historia eclesiástica 5.1.44, trad. de A. C. McGiffert
La respuesta llegó:
Pues el César ordenó que fueran ejecutados, pero que cualquiera que renegara fuese liberado. Eusebio, Historia eclesiástica 5.1.47, trad. de A. C. McGiffert
Esa es la prueba, y merece la pena ser exactos sobre lo que establece y lo que no.
Establece que los casos se remitieron hacia arriba y que llegó una respuesta que confirmaba las ejecuciones y ofrecía la libertad a quien se retractara. No establece una iniciativa imperial. La fórmula de la respuesta no es una política nueva: repite el marco que Trajano le expuso a Plinio setenta años antes, que no había que perseguir a los cristianos, que las denuncias anónimas eran inadmisibles, pero que cualquier acusado, condenado y que se negara a retractarse debía ser castigado. Un gobernador que escribía para preguntar qué hacer con ciudadanos acusados de un delito capital estaba realizando una rutina de la administración provincial, y los emperadores respondían a cientos de consultas así al año, a menudo a través de la secretaría ab epistulis. Si Marco leyó el expediente, redactó las palabras, o solo rubricó el borrador de un secretario es algo desconocido e incognoscible.
Dos complicaciones más pertenecen al registro. La primera es que Átalo, un ciudadano cuya condición debería haber limitado su condena a la decapitación, fue enviado a las fieras de todos modos por insistencia de la multitud, lo cual es un hecho sobre el gobernador y la turba, no sobre el emperador. La segunda es un decreto senatorial del mismo año, 177, propuesto por Marco y Cómodo, que ponía tope a los precios de los gladiadores. Una cláusula permite que los sacerdotes provinciales de la Galia compren criminales condenados a bajo precio para los juegos. Algunos estudiosos, siguiendo un argumento planteado por primera vez por Oliver y Palmer en 1955, han conectado esa cláusula con el suministro de víctimas en Lugduno. La conexión es una hipótesis y nunca se ha establecido, y aquí se consigna como tal, no como una conclusión.
El resto del reinado apunta en la misma dirección. Justino Mártir y seis compañeros fueron juzgados y decapitados en Roma hacia 165, bajo el prefecto urbano Quinto Junio Rústico, que es el mismo Rústico que puso las Disertaciones de Epicteto en manos de Marco y a quien Marco da las gracias en el Libro Uno. El martirio de Policarpo en Esmirna cae en 155 o en 167, según la cronología que se siga, y solo la fecha más tardía lo sitúa en este reinado. Melitón de Sardes dirigió una petición a Marco, citada por Eusebio en 4.26, quejándose de que los piadosos estaban siendo acosados por una nueva clase de edicto por toda Asia y de que los informantes usaban la situación para apropiarse de la propiedad ajena. Atenágoras dirigió una defensa a Marco y Cómodo hacia 176. Ninguno de los dos apologistas argumenta contra un edicto general de persecución, porque no lo hubo; ambos argumentan contra el hecho de que se permitiera continuar las acusaciones locales. Tertuliano, escribiendo una generación después y citado por Eusebio en 5.5, hace la misma queja en forma de pregunta, preguntando qué clase de leyes son estas que solo usan los impíos y los crueles, leyes que Vespasiano ignoró y Trajano anuló en parte y que ni Adriano ni Pío respaldaron.
Después, el cuaderno. En XI.3, al hablar de la disposición a morir, Marco elogia un alma preparada para separarse del cuerpo, siempre que esa disposición proceda de un juicio personal,
no de la mera obstinación, como en el caso de los cristianos, sino con reflexión y con dignidad y de un modo capaz de persuadir a otro, sin ostentación trágica. Meditaciones XI.3, trad. de George Long
Incluso esto se disputa. C. R. Haines, al editar el texto de la Loeb, observó que la cláusula que nombra a los cristianos queda fuera de la gramática de la frase y tiene todo el aspecto de una glosa marginal que un copista absorbió en el texto. Algunos editores han estado de acuerdo, aunque los textos estándar imprimen la cláusula, y el propio Haines admitió que Marco podría haber tenido en mente a los cristianos incluso sin ella. Si tienen razón, las Meditaciones no mencionan en absoluto a los cristianos, y el único lugar donde puede oírse al filósofo sobre el asunto es una nota de un lector en un margen.
Lo que puede decirse con confianza es limitado, y es peor para la reputación de lo que sería un veredicto tajante. Marco no inició una persecución general. Tampoco detuvo esta, y el mecanismo que mató a los diez confesos que Eusebio nombra en Lyon hizo llegar una consulta hasta su escritorio y recibió de vuelta una respuesta que dejó que continuara. La distancia entre el hombre que escribió que los malhechores son parientes que comparten el mismo fragmento de lo divino, y el cargo que dio su visto bueno al anfiteatro, no es un enigma por resolver. Es el asunto.
Marco Aurelio y la esclavitud
El estoicismo tenía las premisas para una objeción a la esclavitud y nunca la formuló.
La escuela enseñaba que todos los seres humanos participan de la razón, que los sabios son libres dondequiera que estén y los necios son esclavos dondequiera que estén, y que el cosmos es una única ciudad de la que todos los seres racionales son ciudadanos. Epicteto, la fuente que Marco más reverenciaba, había sido propiedad de otro. La carta cuadragésimo séptima de Séneca argumenta extensamente que los esclavos son seres humanos, compañeros de esclavitud ante la fortuna, y que debería comerse con ellos en vez de ser servido por ellos. Crisipo, el tercer director de la escuela y su sistematizador, definió a un esclavo como un jornalero de por vida, lo cual niega que nadie sea esclavo por naturaleza; Séneca conserva la definición en Sobre los beneficios 3.22.
Ninguno de ellos concluyó que la institución debía abolirse, y Marco tampoco. En las Meditaciones el vocabulario de la esclavitud aparece constantemente como metáfora, para una mente esclavizada a las impresiones o a las opiniones ajenas, y ni una sola vez como descripción de los varios cientos de miles de personas que eran legalmente propiedad dentro del territorio que gobernaba. El Libro Uno da las gracias a los dioses, en I.17, por el hecho de que no se criara más tiempo con la concubina de su abuelo, una frase que presupone un hogar en el que había personas que eran propiedad de otros y que no repara en ese presupuesto.
Lo que sí hizo fue legislar, y la legislación es lo más sólido que puede decirse en el otro sentido. Sus rescriptos, conservados en fragmentos a través del Digesto, vuelven una y otra vez a las mismas áreas: la manumisión de esclavos, resuelta en favor de la libertad donde la ley era ambigua; el nombramiento de tutores para huérfanos y menores; la supervisión de las finanzas municipales. La Historia Augusta le atribuye el primer nombramiento de un pretor con responsabilidad exclusiva sobre los pupilos, para que el cuidado de los menores no fuera una idea de último momento en el calendario de los cónsules, y el aumento del número de días de audiencia al año a doscientos treinta para despejar la acumulación de casos. Amplió la fundación benéfica de su predecesor para niñas pobres y le dio a la nueva dotación el nombre de su esposa.
Esos son los actos de un administrador escrupuloso que trabaja dentro de un sistema, y no son poca cosa: una norma que resuelve los casos dudosos de manumisión a favor de la libertad cambia resultados reales para personas reales. También son, precisamente, reformas del mecanismo y no una pregunta sobre él.
El punto no es que un romano del siglo II fallara una prueba del siglo XXI. Es más estrecho y más duro que eso. Sus propias premisas apuntaban a algún lugar, y el cuaderno que examina su temperamento, su vanidad, su irritación en las reuniones y su miedo a la muerte no llega hasta allí, ni deja constancia de haber advertido la dirección.
Por qué Marco Aurelio le dejó el imperio a Cómodo
La versión estándar de la acusación es que Marco rompió un sistema que funcionaba. El sistema era menos un sistema de lo que la acusación supone.
Se cita a Nerva, Trajano, Adriano y Antonino Pío como cuatro emperadores que eligieron a sus sucesores por mérito. Los cuatro murieron sin un hijo varón que les sobreviviera. Lo que escritores posteriores describieron como el principio adoptivo fue, en la práctica, cuatro accidentes biológicos consecutivos, vestidos después de los hechos como una idea constitucional. Cuando un emperador romano sí tenía un hijo, el hijo sucedía, y así había sido desde Vespasiano.
Marco y Faustina tuvieron al menos trece hijos y posiblemente catorce a lo largo de unos treinta años. Seis le sobrevivieron: cinco hijas y Cómodo. El propio Cómodo era gemelo, nacido el 31 de agosto de 161, y su hermano, Tito Aurelio Fulvo Antonino, murió a los cuatro años. Otro hijo, Marco Annio Vero, murió a los siete años en 169. A mediados de la década de 170, Cómodo era el único hijo que quedaba con vida, y no era un candidato entre varios. Era el candidato.
La elevación fue gradual y pública. Lo nombraron César en octubre de 166, tomó la toga viril en 175 durante la emergencia de Avidio Casio, cuando Marco lo hizo llamar urgentemente desde Roma, ocupó un consulado en enero de 177 a los quince años, y fue nombrado coaugusto ese mismo año. A partir de 177 hubo dos emperadores, como los había habido de 161 a 169, y el arreglo era familiar y no una novedad.
Lo que habría costado la alternativa es la parte que suele omitirse. Pasar por alto a un hijo adulto en Roma no le procuraba a ese hijo un retiro tranquilo. Producía, o bien su ejecución, o bien un pretendiente permanente en torno al cual podía organizarse el siguiente comandante de ejército, y Avidio Casio acababa de demostrar, con nada más que un rumor de la muerte del emperador, con qué rapidez ocurría eso. Marco había visto a un general en el este levantar una revuelta en tres meses. Un hijo desheredado del divino Marco habría sido la figura más atractiva del imperio en torno a la cual organizarse.
Frente a todo eso está el resultado, y fue tan malo como dicen las fuentes. Cómodo abandonó la guerra del norte a los pocos meses de la muerte de su padre, negoció un acuerdo, y nunca regresó a la frontera. Combatió en la arena, y la Historia Augusta sitúa sus coronas de gladiador en mil mientras Dion cuenta 735 apariciones, y se hizo representar como Hércules. Su propia hermana Lucila conspiró contra él en 182 y fue desterrada y ejecutada. En la última noche de 192, después de que fallara el veneno, un luchador llamado Narciso lo estranguló en su baño, y el año siguiente produjo cinco emperadores y una guerra civil.
Casio Dion, que vivió todo aquello, escribió el epitafio de la transición entera. Marco, dice, quedó decepcionado con el hijo que había criado y educado con todo el esmero que sabía, y con esa decepción nuestra historia desciende ahora de un reino de oro a uno de hierro y óxido.
La Historia Augusta afirma que Marco lo vio venir y deseó la muerte de su hijo antes que dejarlo convertirse en otro Nerón o Domiciano. Esa es la fuente menos fiable en su vertiente más novelesca, y es también la historia que todo el mundo recuerda.
El cuaderno guarda silencio. Examina su irritación, su vanidad, su reticencia a salir de la cama, la falta de valor de la fama y la certeza de la muerte. Sobre la única decisión que determinaría para qué habían servido sus diecinueve años, no hay nada. Y en VII.3 había escrito el criterio por el que se juzga la omisión: cada hombre vale tanto como valen las cosas de las que se ocupa.
Faustina, y las acusaciones que las fuentes hacen contra ella
Annia Galeria Faustina, hija de Antonino Pío, estuvo prometida primero a Lucio Vero y se casó con Marco en 145. Tuvo al menos trece hijos a lo largo de tres décadas, lo acompañó en campaña, recibió el título de Mater Castrorum, madre del campamento, en 174, y murió en el invierno de 175 en Halala, en Capadocia, mientras viajaba con él hacia el este tras la revuelta de Avidio Casio. Él le pidió al Senado que la deificara, rebautizó la aldea como Faustinópolis, construyó un templo allí, y fundó una obra benéfica para niñas pobres en su nombre.
Las fuentes literarias, mientras tanto, le dan una de las peores reputaciones de la historia romana.
La Historia Augusta relata que concibió una pasión por un gladiador, que unos astrólogos caldeos aconsejaron al emperador que la hiciera bañarse en la sangre del hombre, y que Cómodo fue el resultado. Relata que en Caieta escogía amantes entre los marineros y los gladiadores. Relata que cuando aconsejaron a Marco divorciarse de ella o matarla, él respondió que si repudiaba a su esposa tendría que devolver la dote, siendo la dote el imperio. También enumera a cuatro de sus supuestos amantes a los que se dice que él promovió.
Casio Dion añade la acusación política. Creyendo que su esposo se moría y que su hijo era demasiado joven y demasiado simple para ocupar el trono, Faustina, según su relato, animó en secreto a Avidio Casio a prepararse, para que pudiera tener tanto el imperio como a ella.
Casi nada de esto sobrevive al examen. La Historia Augusta es una compilación del siglo IV de un solo autor que se hace pasar por seis, contiene falsificaciones documentadas y un gusto por lo escabroso, y la historia del gladiador está construida de forma transparente hacia atrás a partir de lo que Cómodo llegó a ser después. La acusación de Dion exige que Faustina organizara una conspiración contra un esposo al que de todos modos esperaba ver morir, y que lo hiciera de un modo que no dejara rastro en el extenso registro de lo que vino después, en el que Marco perdonó a todos los que pudo encontrar. El estudio de Barbara Levick sobre las dos Faustinas separa los actos registrados, que son honores, dotaciones y treinta años de viajes con el ejército, de la tradición sobre ellas, que es el chisme conservado por escritores hostiles.
Lo que puede decirse es limitado y un poco extraño. Marco escribió sobre ella una sola vez, mientras vivía, en la lista de cosas que le debía a los dioses, y la entrada es cálida y breve: una esposa tan obediente, y tan cariñosa, y tan sencilla. Es la frase de un hombre que estaba satisfecho. No es la frase de un hombre al que le hubieran hecho una pregunta sobre ella.
Cómo murió Marco Aurelio
Murió el 17 de marzo de 180. Casio Dion, preciso donde las demás fuentes son vagas, da la duración del reinado como diecinueve años y once días y la edad al morir como cincuenta y ocho años, diez meses y veintidós días. El lugar está en disputa: Aurelio Víctor lo sitúa en Vindobona, la actual Viena; Tertuliano lo sitúa en Sirmium, en la actual Serbia. Ambas eran cuarteles generales de la guerra del norte.
La causa es probablemente la enfermedad que lo había acompañado durante años, y posiblemente la peste, que seguía activa en los campamentos. La escena del lecho de muerte de la Historia Augusta lo muestra dejando de comer y beber para adelantar el final, enviando lejos a su hijo por si la enfermedad era contagiosa, y planteando una pregunta a los amigos que lo rodeaban.
¿Por qué lloráis por mí, en vez de pensar en la peste y en la muerte, que es la suerte común de todos nosotros? Historia Augusta, Marcus Antoninus 28.4, trad. de David Magie
Al preguntársele a quién confiaba a su hijo, se dice que respondió: a vosotros, si resulta digno, y a los dioses inmortales.
Después está el comentario de Dion, que es el único indicio antiguo de algo distinto.
falleció el diecisiete de marzo, no a consecuencia de la enfermedad que aún padecía, sino por obra de sus médicos, según se me ha dicho claramente, que quisieron hacerle un favor a Cómodo. Casio Dion, Roman History 72.33, trad. de Earnest Cary
La acusación es contra los médicos, no contra el hijo, y ninguna otra fuente la repite. Merece la pena registrar que Dion era un senador con buen acceso y una pobre opinión de Cómodo, y que ambas cosas tiran en direcciones distintas.
Una nota médica más se ha adherido al reinado. Dion registra que Marco, que casi no comía durante el día, tomaba un poco del medicamento compuesto llamado triaca, y añade que lo hacía no tanto porque temiera nada, sino porque tenía el estómago y el pecho en mal estado. La triaca contenía opio. En 1961, Thomas Africa construyó sobre esa frase un argumento a favor de la dependencia del opio del emperador, y circuló ampliamente. Desde entonces se ha rechazado en general, con el argumento de que las dosis implicadas están muy por debajo del nivel al que se produce la dependencia y de que el deterioro prolongado que produce ese hábito no se ve en ningún lugar del registro.
Fue deificado. Según la Historia Augusta, el Senado y el pueblo se sentaron juntos, algo que de otro modo nunca hacían, y lo aclamaron como un dios benévolo; y generaciones después su imagen seguía en pie entre los dioses domésticos de las casas corrientes. El propio veredicto de Casio Dion es el que mejor ha envejecido:
no obtuvo la buena fortuna que merecía, pues no era fuerte de cuerpo y estuvo envuelto en una multitud de dificultades durante prácticamente todo su reinado. Pero por mi parte, lo admiro aún más precisamente por esto, que en medio de dificultades inusuales y extraordinarias, tanto sobrevivió él mismo como preservó el imperio. Casio Dion, Roman History 72.36, trad. de Earnest Cary
La extraña historia propia del libro
No debería haber sobrevivido. No hay pruebas de que circulara en vida de Marco, ni de que nadie lo leyera durante casi dos siglos.
El primer rastro plausible es un discurso pronunciado por el orador Temistio hacia 364, que se refiere a preceptos o amonestaciones de Marco sin darles título, y que algunos estudiosos consideran demasiado vago para contar. La primera referencia segura es mucho más tardía: Aretas, obispo de Cesarea, mandó hacer una copia antes de 907 y menciona la obra por el nombre que llevan los manuscritos, ta eis heauton. La Suda, compilada a finales del siglo X, la describe como una dirección de su propia vida por Marco el emperador, en doce libros, lo cual es el primer testimonio de la división que usamos.
El texto llega después al mundo moderno a través de un canal muy estrecho. Sobrevive un manuscrito completo, el Codex Vaticanus Graecus 1950, del siglo XIV, y está dañado, con líneas perdidas por errores de copia. Un segundo manuscrito, el Codex Palatinus, suministrado desde Heidelberg por Michael Toxites y descrito por Xylander como mutilado, se usó para la primera edición impresa y desde entonces ha desaparecido por completo. Todo lo demás son fragmentos: extractos de los primeros nueve libros en un manuscrito de Darmstadt, unas pocas páginas en Múnich, un único folio en Tréveris, y citas del erudito bizantino del siglo XV Brienio, que evidentemente aún tenía una copia completa. Dos testigos, uno de ellos perdido, son el fundamento de todas las ediciones impresas desde entonces.
La editio princeps salió en Zúrich en 1559, impresa por Andreas Gesner, con el texto griego editado por Wilhelm Xylander y una traducción latina propia junto a él. Xylander no lo llamó Meditations. Su título fue De seipso seu vita sua, sobre sí mismo, o sobre su vida, y ediciones posteriores de los siglos XVI y XVII usaron fórmulas similares. El nombre inglés llegó en 1634, cuando Meric Casaubon publicó en Londres la primera traducción inglesa como Marcus Aurelius Antoninus the Roman Emperor, His Meditations Concerning Himselfe. El título que todo el mundo usa ahora es la elección de un traductor, hecha catorce siglos después de que se escribieran las notas, y desde entonces ha moldeado silenciosamente la lectura al sugerir contemplación donde el griego solo dice que lo escrito era para sí mismo.
La edición de Cambridge de Thomas Gataker, de 1652, estableció el texto y la numeración por secciones con la que la erudición todavía discute, y la traducción de George Long, de 1862, le dio una amplia circulación en inglés.
Desde entonces lo ha leído casi todo el que ha tenido que resistir algo: soldados, prisioneros, moribundos. James Stockdale, derribado sobre Vietnam, atribuyó a Epicteto y a esta tradición el haberlo ayudado a sobrevivir siete años en una prisión de Hanói. También, en las últimas dos décadas, se lo ha explotado en busca de eslóganes de productividad, un destino que los pasajes sobre la fama anticipan casi con exactitud.
Qué traducción de las Meditaciones leer
La elección importa aquí más que con la mayoría de los textos antiguos, porque el griego es una taquigrafía privada y comprimida y el traductor tiene que decidir cuánto desplegarla. La misma sección puede llegar como tres frases distintas.
George Long (1862), publicada como The Thoughts of the Emperor M. Aurelius Antoninus. De dominio público, disponible libremente, y la versión citada a lo largo de este artículo. Long sigue de cerca la forma del griego y marca sus propios añadidos entre corchetes, lo que la convierte en el texto más fácil con el que comprobar una afirmación. El coste es la dicción victoriana, con sus arcaísmos de tratamiento.
A. S. L. Farquharson (Oxford, 1944). La edición académica, con un comentario completo. Sigue siendo la referencia para cualquiera que discuta sobre lo que dice un pasaje.
Maxwell Staniforth (Penguin, 1964). La versión legible estándar durante una generación, hoy en gran medida desplazada.
Gregory Hays (Modern Library, 2002). La traducción responsable del renacimiento moderno, y la que hay detrás de casi toda cita que circula sin atribución. Frases cortas, lenguaje contemporáneo, sin arcaísmos, y una libertad considerable con la estructura del griego. Se lee como el diario privado que es. Es también la menos literal de las opciones actuales, y quienes la citan con frecuencia citan tanto a Hays como a Marco.
Robin Hard (Oxford World’s Classics, 2011). Precisa, anotada, con introducción y notas de Christopher Gill, y con extractos de las cartas a Frontón impresos junto al texto. El mejor volumen único para un lector que quiera a la vez accesibilidad y un texto de fiar.
Robin Waterfield (2021). Una edición anotada atenta al vocabulario técnico estoico, y la más minuciosa a la hora de explicar qué hace cada término.
Christopher Gill, Meditations Books 1–6 (Oxford, 2013). No es una edición de lectura. Es un comentario, y el lugar al que acudir para el argumento que subyace a un pasaje.
La diferencia se ve mejor en la apertura del Libro Dos. Long tiene: Comienza la mañana diciéndote a ti mismo: me encontraré con el entrometido, el desagradecido, el arrogante, el falso, el envidioso, el insociable. Hard tiene: Dite a ti mismo al empezar el día: me encontraré con gente entrometida, desagradecida, violenta, traicionera, envidiosa e insociable. El griego es el mismo. El registro, el ritmo y la lista de vicios no lo son, y cualquier argumento construido sobre los adjetivos exactos es un argumento sobre un traductor.
Frases atribuidas a Marco Aurelio que nunca escribió
Las Meditaciones son breves y están numeradas, lo cual significa que cualquier cosa que esté realmente en ellas puede localizarse. Una frase que no puede localizarse suele no poder localizarse porque no está allí. Varias de las que circulan más ampliamente son rastreables hasta otras personas.
«Todo lo que oímos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad». No está en el texto, y es incompatible con él. La epistemología estoica sostiene que algunas impresiones son verdaderas, que pueden reconocerse como verdaderas, y que asentir a ellas correctamente es todo el negocio de la disciplina del asentimiento. El pasaje más cercano es II.15, donde Marco anota el dicho del cínico Mónimo de que todo es opinión y añade que solo es útil en la medida en que es verdadero, que es precisamente la salvedad opuesta.
«Tienes poder sobre tu mente, no sobre los sucesos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás fuerza». Ninguna traducción la contiene. Es una compresión moderna de una idea real. El texto que comprime es VIII.47, citado más arriba, que dice algo más estrecho y más exigente: la angustia es un juicio, y el juicio es lo que puede eliminarse.
«El objeto de la vida no es estar del lado de la mayoría, sino escapar de encontrarse en las filas de los locos». Escrita por Lev Tolstói, en ¡Reflexionad! de 1904, quien se la atribuyó al propio Marco. La atribución errónea tiene más de un siglo y se originó con un novelista.
«Cuando te levantes por la mañana, piensa en qué privilegio tan valioso es estar vivo». Elbert Hubbard, escribiendo bajo el nombre «The Fra», en un número de 1913 de su propia revista.
«Lo que hacemos en vida tiene eco en la eternidad» y «La muerte nos sonríe a todos; lo único que puede hacer un hombre es devolverle la sonrisa». Ambas se escribieron para la película Gladiator en 2000, y ambas las pronuncia en ella Máximo, un personaje que no existió.
Otras dos son auténticas pero suelen citarse en una versión libre y no en una traducción. «Deja de perder el tiempo discutiendo sobre cómo debe ser un buen hombre. Sé uno» es la versión de Hays de X.16, que Long da como No hables ya más acerca de qué clase de hombre debe ser un hombre bueno, sino sé tal. Y «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos» es una compresión libre pero defendible de V.16, donde Long tiene: Cuales sean tus pensamientos habituales, tal será también el carácter de tu mente; pues el alma se tiñe de los pensamientos.
La de la venganza es auténtica y rara vez se cita con exactitud. En VI.6 Marco escribe que la mejor manera de vengarse es no volverse como quien hizo el mal. Es la entrada más corta sobre el asunto y la más difícil de seguir.
Lo que la película Gladiator inventó sobre Marco Aurelio
Más gente ha conocido a este emperador a través de la película de Ridley Scott de 2000 que a través de cualquier libro, y la versión de la película sobre su muerte es hoy la versión popular. Casi nada de eso ocurrió.
La crisis de sucesión está inventada. En la película, Marco pretende pasar por alto a su hijo y entregarle el poder a un general, Máximo, como regente, con vistas a restaurar la República. En realidad Cómodo había sido coaugusto desde 177, gobernando conjuntamente con su padre durante tres años antes de la muerte. No había ninguna vacante que cubrir ni ninguna decisión que tomar en el lecho de muerte.
La ambición republicana está inventada, e invertida. Ninguna fuente sugiere que Marco quisiera restaurar la República. La Historia Augusta dice que la frase que tenía constantemente en los labios era de Platón, que los Estados prosperan donde los filósofos son reyes o los reyes son filósofos, lo cual es un argumento a favor del cargo que ocupaba y no en contra de él.
El asesinato está inventado. Marco murió de enfermedad el 17 de marzo de 180 en Vindobona o Sirmium, tras un declive que su casa había observado durante días. El único indicio antiguo de juego sucio es el comentario de Dion sobre los médicos, y acusa a los médicos de adelantar el final, no al hijo de asfixiarlo.
Máximo está inventado, aunque fragmentos de hombres reales fueron a parar a él. Tiberio Claudio Pompeyano, yerno de Marco, sí tuvo el mando del norte. Marco Valerio Maximiano sí ganó la campaña contra los cuados en 179. Narciso, el luchador que mató a Cómodo, aportó el final.
Lucila es real, y la película la comprime. Era hija de Marco y viuda de Lucio Vero, y sí conspiró contra su hermano, en 182, dos años después de la cronología de la película. El complot fracasó, fue desterrada a Capri y después ejecutada.
Cómodo en la arena es real. Combatió allí repetidamente: la Historia Augusta sitúa sus coronas en mil, Dion sus apariciones en 735, y se hizo representar como Hércules. No murió allí. Fue estrangulado en su baño el 31 de diciembre de 192 por Narciso, después de que fracasara un intento de envenenarlo.
La película es una buena película y nunca pretendió otra cosa. El coste es específico: la sucesión, que es la verdadera pregunta difícil sobre este reinado, la recuerda ahora la mayoría de la gente como un asesinato cometido contra Marco y no como una decisión tomada por él. La invención lo libra de la única acusación que se sostiene.
Qué toma de Marco Aurelio la industria moderna del estoicismo, y qué deja atrás
Las Meditaciones se venden hoy mejor que en cualquier otro momento de su historia, y la razón es un renacimiento que empezó hacia 2012. La Semana Estoica, organizada desde Exeter por el grupo Modern Stoicism, ha guiado a decenas de miles de participantes a través de ejercicios estructurados. Los libros de Ryan Holiday, empezando por El obstáculo es el camino en 2014 y El diario estoico en 2016, han vendido varios millones de ejemplares, y el boletín y las cuentas sociales asociadas llegan a una audiencia de millones.
Buena parte de lo que dice ese renacimiento es correcto, y decirlo primero es solo justo.
Las Meditaciones son de verdad un libro práctico. La lectura de Hadot, que sostiene que son ejercicios y no doctrina, es erudición y no marketing, y es la lectura que han adoptado las versiones populares. La dicotomía de control es de verdad la idea que sostiene el edificio, y Epicteto de verdad la enseñaba como un ejercicio que había que repetir hasta que se volviera automático. Un lector que llega a través de un correo diario y se marcha con el hábito de preguntarse si algo depende de él ha tomado algo que la tradición realmente contiene, y lo ha tomado del lugar correcto.
Lo que se deja atrás merece nombrarse con precisión, porque las lagunas son estructurales y no accidentales.
La física. El estoicismo clásico es una cosmología antes que una ética. La razón por la que es aceptable que algo haya ocurrido es que el universo es un único ser vivo racional y ese algo es parte de su orden. Quítese eso y al consuelo no le queda fundamento, solo una técnica. Marco sabía el peso que cargaba la premisa, por eso no deja de volver a la disyunción: providencia, o átomos. Un estoicismo que deja caer discretamente la cosmología tiene que encontrar alguna otra razón por la que lo que ocurre es soportable, y en su mayor parte no se molesta en buscarla.
La indiferencia, en el sentido fuerte. La doctrina no dice que lo externo deba manejarse con calma. Dice que no es bueno. La salud, el dinero, la posición y la duración de la vida son indiferentes, preferibles cuando están disponibles y sin valor alguno en sí mismos. El uso moderno tiende a invertir esto: la práctica se recomienda porque mejora el rendimiento, la resiliencia y los resultados, lo cual convierte la calma en instrumental precisamente para lo externo que la doctrina niega. Eso no es un ajuste menor. Invierte la dirección del argumento.
La justicia. La conclusión más repetida de Marco es social. Los seres racionales existen los unos para los otros. Lo que no es bueno para el enjambre no es bueno para la abeja. Los ejercicios no son para la serenidad privada; el pasaje matutino de II.1 existe para hacerlo cruzar una puerta y entrar en una sala llena de gente que preferiría evitar, y termina con la afirmación de que no puede odiarla. Una versión del estoicismo organizada en torno al rendimiento individual conserva la serenidad y descarta la sala.
El fracaso. El cuaderno es repetitivo porque él no deja de perder el hilo. Es el registro de no llegar, escrito por un hombre que llevaba treinta años leyendo la misma doctrina y todavía necesitaba escribirla de nuevo antes del desayuno. Un método presentado como método implica un resultado. El testimonio real del libro es que el resultado no llegó, y que él siguió de todos modos, algo más duro y más útil de escuchar.
Debajo de las cuatro está la observación sencilla sobre la que descansa esta sección. Este es el cuaderno privado de un hombre con poder absoluto, recordándose a sí mismo, una y otra vez, que el poder no vale nada. Ese es un objeto distinto de un sistema de productividad, y la diferencia no es de énfasis. El cuaderno argumenta que las cosas de las que una cultura del rendimiento quiere más no son donde se encuentra una buena vida. Leído como un método para conseguir más de ellas, se lo está leyendo en su contra.
Nada de eso es un argumento contra los lectores que llegan de ese modo, y no hay versión de esta observación que mejore si se hace con desdén. La mayoría de la gente se encuentra con el libro a través del envoltorio moderno, y un libro que le dice a una persona que su reputación y su posición no son donde reside su bien es un buen libro de encontrarse por cualquier vía. Marco se encontró con Epicteto del mismo modo, a través de una copia que le prestó un amigo, sin maestro, cerca de una década después de que el hombre hubiera muerto, y pasó las tres décadas siguientes fallando en estar a su altura. Estudiosos que trabajan dentro del renacimiento, Massimo Pigliucci entre ellos, han cuestionado con cuánta fidelidad las versiones populares transmiten la filosofía, más que si alguien debería leerla. La distorsión es de selección más que de error. Las frases que circulan son las que hablan de la resiliencia. Las frases que no circulan son las que hablan de la muerte, de la justicia, y de cuán poco importará todo ello dentro de poco.
Por qué está en esta mesa
Asiento cuatro, al final del ala izquierda, junto a la silla vacía. Es el consejero que tuvo poder y concluyó que era irrelevante para la única pregunta que importaba.
Eso le da una función específica en una discusión. Cuando la mesa debate qué debería hacer una persona ante las circunstancias, Marco es quien vuelve, con paciencia y sin mucho interés en ganar, a la distinción entre lo que ocurre y lo que se hace de ello. No argumenta que el sufrimiento sea irreal. Argumenta que el juicio añadido al sufrimiento es la parte que puede examinarse, y que esa ha sido siempre la única parte que podía serlo.
Es también el realista de la mesa en materia de muerte, de un modo que los asientos religiosos no son y que los asientos vitalistas resisten. No hay vida después de la muerte en las Meditaciones. Lo que hay es esto: esto termina, termina pronto, todos los que vienen a la mente ya se han ido, y nada de eso cambia lo que exige un día.
Dos asientos más allá, Nietzsche llama a todo esto una magnífica pieza de autoengaño: la voluntad de poder vuelta hacia dentro, la debilidad bautizada con el nombre de virtud, un hombre convenciéndose de que no quiere lo que no puede tener. La respuesta de Marco sería que él lo tenía todo, y que ese es precisamente el experimento que Nietzsche nunca llegó a realizar.
Al otro lado de la silla vacía, Jesús ofrece un consuelo que Marco no puede usar: que el orden no es meramente racional sino personal, y que ama a quien esté dentro de él. Diógenes, en el extremo opuesto, alcanzó la misma indiferencia hacia la fortuna trescientos años antes sin poseer nada, y querría saber cuánto de la serenidad del emperador estaba respaldado por el hecho de que podía dejar de ser emperador en cualquier momento y nunca lo hizo.
Y junto a él, en el asiento tres, se sienta la única objeción para la que no tiene respuesta. Las Meditaciones descansan por entero en que el universo esté racionalmente ordenado, en que el todo tenga sentido incluso donde la parte no lo tiene. Dostoyevski somete esa premisa a la aritmética de Iván Karamázov: un solo niño torturado, y las cuentas no cuadran. Marco no puede responder sin pedirle a Iván que conceda precisamente lo que Iván está devolviendo.
La pregunta que vuelve a él, episodio tras episodio, es la que el libro nunca se plantea a sí mismo. Escribió, más de una vez, que el valor de un hombre se mide por el valor de las cosas de las que se ocupa. Él se ocupaba del imperio, y se lo dejó a su hijo.
Las obras
c. 170–180 CE
MeditacionesΤὰ εἰς ἑαυτόν - Ta eis heauton, "To Himself"
Doce libros de notas privadas, escritas en griego, en campamentos militares junto al Danubio. No dirigidas a ningún lector, no tituladas por él y muy posiblemente no destinadas a sobrevivir. El título inglés, Meditations, se lo dio un traductor catorce siglos después.
c. 139–166 CE
La correspondencia con FrontónEpistulae
Cartas entre Marco y su tutor de retórica, recuperadas de un palimpsesto por Angelo Mai a partir de 1815. Afectuosas, cotidianas, llenas de resfriados y vendimias, y la mejor prueba que tenemos del hombre antes de que la filosofía se endureciera.
161–180 CE
Los rescriptos y las resoluciones legalesRescripta, orationes, constitutiones
Dispersos por el Digesto y el registro epigráfico: resoluciones sobre la manumisión, sobre la tutela de menores, sobre el gobierno municipal. El único conjunto de escritos en el que la filosofía y el cargo son visiblemente obra de la misma persona.
176–192 CE
Columna de Marco Aurelio
No es un texto, sino un documento. Los relieves de las guerras germánicas son notablemente más brutales que los de Trajano: masacres, incendios, prisioneros ejecutados ante sus familias. El propio relato del Estado sobre lo que implicó el reinado del emperador filósofo.
Donde las respuestas se separan
La misma pregunta, leída de otro modo por los asientos vecinos.
Fiódor Dostoyevski
Si el orden está realmente ahí
Todo el consuelo estoico descansa en que el universo esté racionalmente ordenado, de modo que lo que le ocurre a una persona sea una parte, invisible para ella, de un todo que tiene sentido. Dostoyevski plantea la pregunta de Iván Karamázov contra eso: un solo niño torturado, y la aritmética falla. Marco no tiene respuesta que no exija conceder antes la premisa, y Iván se niega a concederla.
Diógenes de Sinope
Si un emperador puede renunciar a algo
Ambos sostienen que la fortuna no es donde reside el bien, y Diógenes llegó primero, tres siglos antes, siendo dueño de una capa y una escudilla. La diferencia es que Diógenes pagó la posición con todo lo que tenía, y Marco la escribió en una tienda custodiada por los pretorianos, con el suministro de grano de un imperio bajo su firma. Diógenes preguntaría si la indiferencia hacia el poder es un descubrimiento cuando declararla no cuesta nada, y Marco no tiene manera de probar que a él sí le costó algo.
Contenido
¿Qué son exactamente las Meditaciones?
Un cuaderno privado de instrucción filosófica a sí mismo, escrito en griego - la lengua de la filosofía, no la de su corte - en su mayor parte durante campañas militares en la década de 170. No hay argumento, ni audiencia, ni estructura: es un hombre recordándose cosas que ya cree y que no deja de fallar en poner en práctica. La repetición, tratada normalmente como un defecto, es el propósito del ejercicio.
¿Fue Marco Aurelio un buen emperador?
Según los criterios romanos, inusualmente escrupuloso: escuchaba los casos en persona, amplió la provisión para los pobres y los huérfanos, se negó a subir los impuestos durante la peste y subastó propiedad imperial en su lugar, y compartió el poder con un coemperador de forma voluntaria. También persiguió a los cristianos en Lyon en 177, libró guerras de conquista costosas a lo largo del Danubio, y nombró sucesor a su hijo. La palabra "bueno" carga con mucho peso en la pregunta.
¿Persiguió Marco Aurelio a los cristianos?
Cristianos murieron en Lyon en 177 bajo su reinado, y Eusebio conserva el detalle de que el gobernador remitió los casos al emperador y que la respuesta ordenó matar a los confesos y liberar a quienes se retractaran. No hay pruebas de un edicto a escala imperial ni de que Marco interviniera. Si responder a la pregunta de un gobernador equivale a dirigir una persecución es donde se divide la erudición.
¿Qué es el estoicismo en un párrafo?
Que el universo está racionalmente ordenado; que lo único que está genuinamente en nuestro control es nuestro propio juicio y voluntad; que todo lo demás - la salud, la reputación, la riqueza, cuánto tiempo se vive - queda fuera de él y por tanto no es donde reside nuestro bien; y que vivir de acuerdo con la naturaleza significa vivir de acuerdo con la razón, lo que para un animal social significa justicia hacia los demás. Todo en las Meditaciones es una aplicación de esas cuatro afirmaciones.
¿Por qué es Cómodo el problema?
Porque durante ochenta años el cargo de emperador había pasado por adopción al hombre más capaz disponible, y Marco puso fin a eso al dejárselo a su hijo, que fue, según todos los relatos que sobreviven, un desastre. Si tuvo una alternativa real se debate: tenía un hijo varón adulto y vivo, y pasarlo por alto en Roma solía significar matarlo. Pero es la única decisión que hace difícil leer las Meditaciones con inocencia.
¿Dónde se escribieron las Meditaciones?
En la frontera del Danubio, durante las guerras marcomanas de la década de 170. Dos de los doce libros llevan una nota de lugar: uno registra que fue escrito entre los cuados, junto al río Granua, en lo que hoy es Eslovaquia; el otro, en Carnuntum, en Panonia, donde Orosio y Eutropio dicen que Marco pasó tres años. Las ediciones difieren sobre si esas notas cierran un libro o encabezan el siguiente.
¿Cuál es la mejor traducción de las Meditaciones?
Depende del uso. George Long (1862) es libre, de dominio público y fiel a la forma del griego, en un inglés victoriano. Gregory Hays (2002) es la versión detrás del renacimiento moderno: directa, citable, y la más libre con el texto. Robin Hard (2011) y Robin Waterfield (2021) son las lecturas modernas fieles, ambas anotadas. Las citas que circulan sin nombre de traductor suelen ser de Hays.
¿Escribió Marco Aurelio "tienes poder sobre tu mente, no sobre los sucesos externos"?
No. Esa frase no aparece en ninguna traducción de las Meditaciones y no corresponde a ningún pasaje. Es una compresión moderna de una idea que sí sostiene. El texto real más cercano es VIII.47, donde escribe que a una persona no la perturba lo externo que le causa dolor, sino su propio juicio sobre ello, y que ese juicio puede eliminarse ahora mismo.
¿Asesinó Cómodo a Marco Aurelio?
No. Eso es el argumento de la película Gladiator. Marco murió el 17 de marzo de 180, en Vindobona o Sirmium, tras una enfermedad, en el decimonoveno año de su reinado. Casio Dion sí recoge el rumor de que sus médicos apresuraron el final para complacer a Cómodo, lo cual acusa a los médicos y no al hijo, y que ninguna otra fuente corrobora.
¿Qué es la dicotomía de control?
El movimiento de apertura del Manual de Epicteto, y el muro de carga de las Meditaciones: algunas cosas dependen de nosotros, es decir, nuestros juicios, impulsos, deseos y aversiones, y otras no, es decir, el cuerpo, la propiedad, la reputación y el cargo. La angustia viene de tratar la segunda categoría como si perteneciera a la primera. Marco la aplica mientras ejerce más cargo que nadie con vida.
Fuentes y lecturas
- MeditationsCitado aquí según la traducción de George Long de 1862, de dominio público y verificable línea por línea. Robin Hard (Oxford World's Classics, 2011, intro. de Christopher Gill) y Gregory Hays (Modern Library, 2002) se nombran allí donde se usa su redacción.
- Discourses, Handbook, FragmentsFuente directa de Marco, a través de Junio Rústico. El Manual se cita según la traducción de George Long de 1877.
- Roman History, books 71–72Sobrevive en el epítome de Xifilino. Citado según la traducción de Earnest Cary para la Loeb (1927), siguiendo la numeración de libros de la Loeb. Un senador que escribe dentro de dos generaciones, y la mejor fuente narrativa del reinado.
- Marcus AntoninusTrad. de David Magie, Loeb, 1921. Una compilación del siglo IV de un solo autor que se hace pasar por seis, con falsificaciones documentadas. Útil para el detalle que puede corroborarse, poco fiable para cualquier cosa escandalosa.
- Ecclesiastical History, book 5Conserva la carta de las iglesias de Vienne y Lyon sobre los martirios de 177. Trad. de A. C. McGiffert, Nicene and Post-Nicene Fathers, 1890.
- Correspondence1919–1920Trad. de C. R. Haines, dos volúmenes. Recuperada de un palimpsesto por Angelo Mai a partir de 1815; el manuscrito había sido raspado y reescrito con las actas del Concilio de Calcedonia.
- Marcus Aurelius: A Biography1966, rev. 1987La biografía histórica de referencia, y el relato más claro de por qué la sucesión adoptiva fue subproducto de la falta de descendencia y no un principio.
- The Inner Citadel: The Meditations of Marcus Aurelius1998El libro que replanteó las Meditaciones como ejercicios espirituales en vez de como un tratado, y lo más útil jamás escrito sobre cómo leerlas.
- Marcus Aurelius: Meditations, Books 1–62013Comentario; la mejor guía académica sobre el argumento estoico subyacente.
- Marcus Aurelius: Warrior, Philosopher, Emperor2009
- Was He Quite Ordinary?2009Una reseña de McLynn, y la afirmación más certera de cuán poco puede sostener realmente las pruebas de este reinado.
- The Fate of Rome: Climate, Disease, and the End of an Empire2017Sobre la peste antonina y lo que le hizo al reinado. Defiende un daño demográfico severo; el caso revisionista en su contra se señala en el texto.
- Galen and the Antonine Plague1973El artículo detrás de la estimación de mortalidad del siete al diez por ciento tan repetida.
- Faustina I and II: Imperial Women of the Golden Age2014El estudio que separa lo que se registró sobre Faustina de lo que se dijo sobre ella.
- Marcus Aurelius in Love2006Traducción y lectura de las cartas a Frontón como correspondencia erótica. Discutido; el contraargumento es que el lenguaje es una convención de la epistolografía romana.
- Letters to Lucilius 47; On Benefits 3.22El escrito estoico más completo sobre cómo debían tratarse los esclavos, y el pasaje que conserva la definición de Crisipo de un esclavo como un jornalero de por vida.
- Apologyc. 197Citado por Eusebio en 5.5. La queja de que las leyes usadas contra los cristianos eran leyes que ningún emperador respetable había respaldado.
- Minutes of an Act of the Roman Senate1955La edición del decreto senatorial de 177 sobre los precios de los gladiadores, y el origen del argumento que vincula su cláusula gala con las muertes en Lyon. El vínculo nunca se ha establecido.
- The Column of Marcus Aurelius: The Genesis and Meaning of a Roman Imperial Monument2011
- The Opium Addiction of Marcus Aurelius1961La hipótesis construida sobre el comentario de Dion acerca de la triaca. Generalmente rechazada desde entonces, por motivos de dosificación y por la ausencia de cualquier signo de deterioro en el registro.
- Notes on the manuscript tradition of Marcus Aurelius's Meditations2014Enumera los testigos que sobreviven: Vaticanus Graecus 1950, el perdido manuscrito Palatino, y los manuscritos de extractos.
- 10 Definitely Fake Quotes Not From The Stoic Emperor Marcus AureliusRastrea las atribuciones erróneas que circulan hasta sus autores reales, incluidos Tolstói, Elbert Hubbard y los guionistas de Gladiator.
Última revisión:
